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El Tercer Templo – ¿Físico o Espiritual?

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“Pero el Altísimo no habita en Templos hechos de mano; como el profeta dice: ‘El Cielo es Mi trono, y la tierra es el estrado de Mis pies. ¿Qué casa Me edificarás? dice el Señor: ¿O cuál es el lugar de Mi reposo? ¿No hizo Mi mano todas estas cosas?’” (Hechos 7:48-50 MKJV – TI)

¿Ha ordenado Dios que deba existir un tercer Templo en el Monte del Templo, donde una vez se erigió el Templo de Salomón y donde la Cúpula de la Roca musulmana (Mezquita de Omar) y la Mezquita de Al-Aqsa ahora dominan el paisaje de Jerusalén? ¿Debería haber un tercer Templo judío en cualquier lugar físico para el caso? ¿De qué manera encaja un Templo restaurado con la creencia de que Dios eliminó el Templo terrenal en el año 70 D.C. para que no existiera más, siendo que Cristo cumplió todas las cosas?

En Su crucifixión, el velo del Lugar Santísimo se rasgó en dos, de arriba a abajo. Según el Nuevo Testamento, la muerte y la resurrección de Jesús cumplen los sacrificios ceremoniales y fiestas solemnes de Israel realizadas por el sacerdocio levítico durante los quince siglos anteriores. Estos sacrificios y fiestas apuntaban a la ofrenda del Cordero de Dios por los pecados de Israel y el mundo. ¿Qué más necesidad hay de un Templo restaurado, con el sacerdocio y los sacrificios? ¿No sería esto una afrenta a Dios?

Cuarenta años después de la época de Cristo en la tierra, la ira de Dios fue derramada en su totalidad sobre Israel por haberle dado la espalda a Él e ir tras otros dioses. Roma llegó y destruyó todo – el Templo, la ciudad y la nación. Esto fue profetizado por Jesús y los profetas de Israel siglos, incluso milenios, antes de Él.

Pero en este siglo, la nación y la ciudad han sido restauradas a los judíos. El establecimiento para los judíos de una parte de la nación original de Israel fue declarado por mayoría de votos en la ONU el 29 de noviembre de 1947, y el 14 de mayo de 1948, Israel volvió a nacer. Después de 1900 años de haber sido dispersados a los confines de la tierra, los hijos de Israel han regresado a su tierra.

En las Escrituras se hace referencia al trono de Israel en Jerusalén como al del Rey David. Las Escrituras declaran que Jesucristo volvería, no como un cordero de sacrificio para quitar el pecado, sino como el León de la tribu de Judá, para sentarse en el trono de David. El nombre del primero que fue Primer Ministro del Israel moderno fue David Ben Gurion. Ben Gurion significa “hijo de un león.”

No estoy diciendo que Ben Gurion fuera el Mesías Yeshua (no lo fue), pero sugiero que Dios no deja de poner Su marca en acontecimientos históricos, con el fin de permitir que la humanidad aprenda que Él está en control de todas las cosas, grandes y pequeños.

Yo he estado leyendo El Templo Venidero del Mesías: Visión Profética de Ezequiel del Templo Futuro por Schmitt y Laney. Este libro declara que el Templo pronto será reconstruido. Se ha informado que todos los materiales para la construcción están listos y las personas en su lugar para realizar las ceremonias. Más específicamente, los autores creen que va a ser el Templo descrito en la visión de Ezequiel, uno que tiene características notablemente diferentes de los antiguos Templos primero y segundo, y uno que nunca ha existido hasta nuestros días.

¿Qué de eso? ¿No son los creyentes nacidos de nuevo en Cristo el nuevo y permanente Templo Viviente de Dios, no hecho de mano? ¿No son ellos Su Cuerpo, Su Iglesia, Su Asamblea, en sustitución de la antigua que se eliminó para dar lugar al cumplimiento de lo real y permanente, según lo determinado desde arriba? Juan registra un evento entre Jesús y los judíos:

“Entonces se acordaron Sus discípulos que está escrito: El celo de Tu casa Me consumió. Y respondieron los judíos y Le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este Templo, y en tres días lo levantaré. Entonces dijeron los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este Templo, ¿y Tú lo levantarás en tres días? Pero Él hablaba del Templo de Su cuerpo” (Juan 2:17-21 RVG).

Mataron a Jesús y, en tres días, Él se levantó de entre los muertos, como Él, por el Espíritu del Padre, profetizó que lo haría. Pero hay un Cuerpo de Cristo espiritual ahora, que el Nuevo Testamento enseña que es el Templo de Dios, compuesto por aquellos que creen en Él.

“¿Y qué acuerdo tiene el Templo de Dios con los ídolos? Pues nosotros somos el Templo del Dios viviente, como Dios dijo: ‘Yo habitaré en ellos y andaré entre ellos; y Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo’” (2 Corintios 6:16 LBLA).

Efesios 2:19-22 RVG
(19) Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y de la familia de Dios;
(20) edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo Mismo,
(21) en Quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un Templo santo en el Señor;
(22) en Quien también vosotros sois juntamente edificados, para morada de Dios en el Espíritu.

“Al Cual acercándoos, Piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas escogida y preciosa para Dios. Vosotros también, como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo” (1 Pedro 2:4-5 RVG).

¿Podemos conciliar la visión de Ezequiel del Templo con la realidad espiritual que los santos experimentan hoy? Aunque Schmitt, Laney, y muchos otros esperan que se construya el Templo de Ezequiel en su antiguo sitio donde hoy se encuentra la Mezquita de Omar, ellos también expresan lo que ven como la realidad espiritual cumplida de la visión del Templo de Ezequiel. Entonces, – el Templo físico, la realidad espiritual, o ambos?

La descripción del Templo de Ezequiel contiene varias características significativamente nuevas en comparación con el Templo que construyó Salomón. Estas características no existían en el segundo Templo, que reemplazó al de Salomón cuando Israel volvió de la cautividad de Babilonia. Y no existían cuando el rey Herodes reformó y alteró el segundo Templo siglos más tarde, justo antes de que Cristo entrara en Su ministerio.

Schmitt y Laney presentan los significados de los cambios más importantes, y abajo detallamos nosotros con cuáles estamos de acuerdo, agregando algunos pensamientos, revelación y Escrituras. Considere esto a medida que lea: ¿Está el Señor hablando de un tercer Templo físico en la tierra, o está dando Él una representación del Templo de Dios, el cual son todos los nacidos de nuevo, corporativa e individualmente?

Si cada uno de nosotros es creado a la imagen de Jesucristo, entonces cada uno es el Templo de Dios tal como es Él, con todas las características del Templo de Ezequiel por dentro espiritualmente. Al mismo tiempo, nosotros colectivamente formamos el Cuerpo de Cristo, la Asamblea, el Templo espiritual de Dios.

Estas son algunas de las interesantes características del Templo de Ezequiel, las cuales representan la obra terminada de la cruz. Curiosamente, faltan varios artículos del Templo de Salomón:

El Muro de Separación

“Porque Él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación entre nosotros….” (Efesios 2:14 RVG).

Donde una vez hubo una pared de separación entre el patio exterior  y el interior del Temple, no hay ninguna que registre Ezequiel. Los gentiles y judíos ya no están separados. Sabemos que el plan de Dios era que los gentiles fueran traídos  a Su Reino.

Isaías 56:6-8  NBLH
(6) Y a los extranjeros que se unan al SEÑOR para servirle, y para amar el Nombre del SEÑOR, para ser Sus siervos, a todos los que guardan el día de reposo sin profanarlo, y se mantienen firmes en Mi pacto,
(7) Yo los traeré a Mi santo monte, y los alegraré en Mi casa de oración. Sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre Mi altar; porque Mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
(8) Declara el Señor DIOS que reúne a los dispersos de Israel: Todavía les juntaré otros a los ya reunidos.

Romanos 15:8-12 RVG
(8) Digo, pues, que Cristo Jesús fue ministro de la circuncisión por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,
(9) y para que los gentiles glorifiquen a Dios por Su misericordia, como está escrito: Por tanto, yo Te confesaré entre los gentiles, y cantaré a Tu Nombre.
(10) Y otra vez dice: Regocijaos, gentiles, con Su pueblo.
(11) Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles, y dadle gloria todos los pueblos.
(12) Y otra vez Isaías dice: Saldrá raíz de Isaí, y el que se levantará para reinar sobre los gentiles: Los gentiles esperarán en Él.

Dentro de nosotros, gracias al derramamiento de sacrificio voluntario de la sangre de Jesucristo y Su don de fe, no hay más una división, dentro del creyente, entre el alma (gentil) y el espíritu (judío). La partición se ha eliminado dentro de muchos, y los dos están reconciliados. A su debido tiempo, esta reconciliación se manifestará en el mundo.

El Atrio de las Mujeres

“Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. No hay ni judío ni griego, no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, herederos según la promesa” (Gálatas 3:27-29 RVG).

En el Templo de Salomón, había un atrio para los hombres en vista del altar del sacrificio, y un atrio al otro lado de una pared para las mujeres. En la visión de Ezequiel, ya no hay una pared que separa a hombres y mujeres.

En Cristo, no hay ni hombre ni mujer.

“Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: ‘Y será que en los postreros días’, dice Dios, ‘derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros jóvenes verán visiones; y vuestros ancianos soñarán sueños: Y de cierto sobre Mis siervos y sobre Mis siervas derramaré de Mi Espíritu en aquellos días, y profetizarán’” (Hechos 2:16-18 RVG).

“Y te ruego también a ti, fiel compañero, ayuda a aquellas mujeres que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los otros de mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filipenses 4:3 RV).

Y de nuevo, dentro del creyente, la mujer representa el alma y el hombre, el espíritu. Los dos entran en armonía con la sangre de Cristo.

El Lavatorio

“Y esto erais algunos de vosotros; mas ya sois lavados, ya sois santificados, ya sois justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11 RVG).

En el Templo de Ezequiel, no se menciona la fuente de bronce (el lavabo) en el atrio interior, lo que significa que no hay necesidad de más. Los que son de Cristo son lavados y purificados por la sangre y por Su palabra.

Ezequiel 36:24-27 LBLA
(24) Y Yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os reuniré en vuestra propia tierra.
(25) Y esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados. Os limpiaré de todas vuestras impurezas y de vuestros ídolos.
(26) Y os daré un corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros. Y Yo quitaré el corazón de piedra de vuestra carne, y os daré un corazón de carne.
(27) Y pondré dentro de vosotros Mi Espíritu, y haré que andéis en Mis mandamientos, y guardéis Mis decretos y los pongáis por obra.

“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y Su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hayamos hecho, sino por Su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y de la renovación del Espíritu Santo; el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por Su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:4-7 RVG).

Hebreos 10:19-22 RVG
(19) Por lo tanto, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesús,
(20) por el camino nuevo y vivo que Él nos consagró a través del velo, esto es, por Su carne;
(21) y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
(22) acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Jesús les dijo a Sus discípulos: “Ya vosotros estáis limpios por la Palabra que os he hablado” (Juan 15:3 RV).

Cuando se ha lavado por dentro, ¿qué necesidad hay de un lavado simbólico? Esto va tanto para el individuo como para el Cuerpo de Cristo.

El Candelabro de Oro

“Entonces Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la Luz del mundo. El que Me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12 LBLA).

A pesar de los muchos detalles incluidos en su visión del Templo, Ezequiel no hace mención de otro equipamiento muy importante en el santuario del antiguo Templo – el candelabro de oro, que representa la Luz del Mundo, Jesucristo.

Jesús ha venido para hacer nuestro ojo sano o limpio, atento a Él: “La lámpara del cuerpo es el ojo. Por lo tanto, si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz. Pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará lleno de oscuridad. Por tanto, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande es esa oscuridad!” (Mateo 6: 22-23 LBLA).

Jesús es el antídoto a la oscuridad: “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:3-4 LBLA).

“Y ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22:4-5 RVG).

En Cristo, como Sus hermanos, nacidos de Dios, llegamos a ser hijos de la Luz, por lo que no necesitamos ningún otro candelabro en el Lugar Santo, porque Él es nuestro Candelabro de Oro.

Éstas son maravillosas revelaciones que Schmitt y Laney están compartiendo con nosotros sobre el Templo de Ezequiel, ¿verdad?

La Tabla de los Panes de la Proposición

Jesús dijo: “Porque el Pan de Dios es el que baja del Cielo, y da vida al mundo. Entonces Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: ‘Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed’” (Juan 6: 33-35 RVG).

En el primer Templo, en cada día de reposo, los sacerdotes preparaban 12 hogazas de pan y las colocaban en una mesa de oro en el Lugar Santo. Esto significaba que Dios era el sustento de Israel, el Pan del Cielo. La visión del Templo de Ezequiel no hace mención de la mesa de la proposición.

Schmitt dice: “No habrá necesidad de una mesa de la proposición en el futuro Templo del Mesías, porque Jesús mismo estará allí para guiar y alimentar a Su pueblo.”

Yo digo que él tiene y no tiene razón – la tiene en que no hay más necesidad del simbolismo o la sombra, pero no la tiene porque el Templo no es futuro; es la realidad espiritual presente, y Jesús está aquí y ahora tanto pastoreando como alimentando a Su pueblo, los miembros de Su Cuerpo, el Templo.

En 1982, Marilyn y yo les decíamos a los Ratzloff, una pareja de la Alianza Misionera, que nosotros no habíamos asistido a la iglesia por años (desde 1975). La señora Ratzloff quedó bastante sorprendida, y preguntó: “Bueno, ¿dónde o cómo se alimentan ustedes, entonces?”

Mi respuesta inmediata fue: “¡El Pastor nos alimenta!”

¿Cómo nos alimenta Él? Él es el Pan de Vida, y nosotros somos Su Templo. Tenemos la mesa del pan por dentro; Él es el Pan por dentro. No estamos hambrientos, sino saciados.

Después de todo, Él prometió: “¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia! Porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6 RV).

Y no tenemos ninguna necesidad de un “edificio de iglesia” o templo.

Juan 6:54-58 LBLA
(54) El que participa de Mi carne y bebe Mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día.
(55) Porque Mi carne es verdadera comida y Mi sangre es verdadera bebida.
(56) El que participa de Mi carne y bebe Mi sangre, permanece en Mí, y Yo en él.
(57) Como el Padre que vive Me ha enviado y Yo vivo por el Padre, también el que participa de Mí, él también vivirá por Mí.
(58) Este es el pan que ha bajado del Cielo, no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que participa de este Pan, vivirá para siempre.

El Altar Incensario de Oro

“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que se acercan a Dios por Él, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25 RVG).

Al igual que el candelabro de oro, el altar del incienso también falta en el Lugar Santo en el Templo de Ezequiel. ¿Por qué?

Entendemos que el incienso ofrecido diariamente, mañana y tarde, representaba la oración:

“Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos” (Apocalipsis 5:8 LBLA).

“Y otro ángel vino y se paró ante el altar, con un incensario de oro. Y muchos inciensos le fueron dados a él, para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y el humo del incienso con las oraciones de los santos subió a la presencia de Dios de la mano del ángel” (Apocalipsis 8:3-4 LBLA).

Más específicamente, el incienso representaba la oración intercesora, para que los sacerdotes mediaran por los hijos de Israel. Su trabajo consistía en ofrecer sacrificios y orar por Israel. Pero ellos sólo representaban temporalmente al que había de venir, el Perfecto Sacerdote y Único mediador entre Dios y el hombre. Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote vive siempre para interceder por nosotros, habiéndose ofrecido a Sí Mismo al Padre a favor nuestro de una vez por todas.

En Él, los santos funcionan como sacerdotes, como los enviados de Dios para el mundo:

“Y seréis para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxodo 19:6 RV).

“Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con Su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, Su Padre, a Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 1:6 LBLA).

Schmitt y Laney concluyen: “Durante el reino mesiánico no habrá necesidad de altar de incienso en el Templo, porque el Mesías Mismo estará presente en Jerusalén y disponible para escuchar las peticiones de Su pueblo. En el futuro Templo de Ezequiel, Jesús Mismo toma el lugar del altar del incienso.”

En efecto, Jesucristo está aquí y se ha establecido en los corazones de los santos por el nuevo nacimiento y la madurez en Él. Estamos en Jerusalén ahora, la Nueva Jerusalén, la Ciudad de Dios, el Monte de Sion (Hebreos 12:22), siendo nosotros el Templo de Dios, y dentro de nosotros fluyen Sus oraciones:

“Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros  con gemidos indecibles; y Aquél que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios” (Romanos 8:26-27 LBLA).

Ezequiel profetiza: “Y el nombre de la ciudad desde aquel día será: el SEÑOR ESTÁ ALLÍ” (Ezequiel 48:35 LBLA).

Esta profecía se ha cumplido en Cristo. “ALLÍ HAY” un lugar espiritual, la Jerusalén Celestial que viene por dentro, hecha posible por el sacrificio de Su muerte y resurrección de entre los muertos.

“Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando no adorarán al Padre ni en este monte ni en Jerusalén… Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre busca tales doradores que le adoren” (Juan 4:21,23 LBLA).

El Velo

“Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna” (Hebreos 4:14-16 LBLA).

Ezequiel no menciona el velo que cubre la entrada al Lugar Santísimo en su visión del Templo. Uno puede preguntarse por qué él habla de tantos otros detalles menores que estos. Al tratarse de una visión de Dios, sólo podemos concluir que la exclusión de esos elementos significativos tiene un mensaje importante para nosotros. Esas cosas ya no son necesarias, puesto que se han cumplido.

¿Cómo es posible eso, excepto que el Templo descrito sea el espiritual – Su Cuerpo Celestial no hecho de manos – no el construido con elementos terrenales formados por el hombre? La mano del hombre no puede realizar el toque final de la obra completa de Dios.

Sabemos que el velo se rasgó de arriba a abajo en la crucifixión, significando el final del propósito que servía. Jesús representó y cumplió el sacrificio perfecto dentro del velo, a favor nuestro:

“Por lo tanto, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de Su carne” (Hebreos 10:19-20 LBLA).

Como también dice:

Hebreos 9:6-12 RVG
(6) Y cuando estas cosas fueron así ordenadas, los sacerdotes siempre entraban en la primera parte del tabernáculo para hacer los oficios del servicio a Dios;
(7) pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo.
(8) Dando en esto a entender el Espíritu Santo, que aún no estaba descubierto el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie.
(9) Lo cual era figura de aquel tiempo presente, en el cual se presentaban ofrendas y sacrificios que no podían hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que servía con ellos;
(10) ya que consistía sólo en comidas y bebidas, y en diversos lavamientos y ordenanzas acerca de la carne, que les fueron impuestas hasta el tiempo de la restauración.
(11) Mas estando ya presente Cristo, Sumo Sacerdote de los bienes que habían de venir, por el más amplio y más perfecto Tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación;
(12) y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por Su propia sangre, entró una sola vez en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.

Hebreos 9:24-26 RVG
(24) Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el mismo Cielo para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios.
(25) Y no para ofrecerse muchas veces a Sí Mismo, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena;
(26) de otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora en la consumación de los siglos, se presentó una sola vez por el sacrificio de Sí Mismo para quitar el pecado.

“Y dejando escapar una gran voz, Jesús expiró. Y el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba a abajo” (Marcos 15:37-38 LBLA).

Con el velo desgarrado, el Lugar Santísimo quedó entonces abierto a todos los elegidos de Dios para entrar. Por Jesucristo y Su sangre, todos los hombres en su tiempo designado tienen acceso al trono de la gracia en el Lugar Santísimo en el Cielo.

¿Es Bíblico sugerir que el trono del Señor es equivalente al Lugar Santísimo y al Arca del Pacto? Esto es lo que profetizó Jeremías:

“Y sucederá que en aquellos días, cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, declara el SEÑOR, no se dirá más: ‘Arca del pacto del SEÑOR’; no les vendrá a la mente ni la recordarán, no la echarán de menos ni será hecha de nuevo. En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: ‘Trono del SEÑOR’; y todas las naciones acudirán a ella, a Jerusalén, a causa del Nombre del SEÑOR; y no andarán más tras la terquedad de su malvado corazón” (Jeremías 3:16-17 LBLA).

Jerusalén era la capital del país de Dios, Israel, el Templo era el centro del culto en Jerusalén y Dios se encontró con Moisés en el Lugar Santísimo:

“Y pondrás el propiciatorio arriba, sobre el Arca. Y en el arca pondrás el testimonio que Yo te daré. Y Me reuniré allí contigo, y Yo hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines sobre el arca del testimonio, de todas las cosas que Yo te mandaré para los hijos de Israel” (Éxodo 25:21-22 LBLA).

El Arca del Pacto

Hebreos 9:3-8 LBLA
(3) Y tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo que es llamado el Lugar Santísimo;

(4) el cual tenía el incensario de oro, y el arca del pacto cubierta de todas partes alrededor de oro; en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, y la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto;
(5) y sobre ella los querubines de gloria que cubrían con su sombra el propiciatorio; cosas de las cuales no podemos ahora hablar en particular.
(6) Y cuando estas cosas fueron así ordenadas, los sacerdotes siempre entraban en la primera parte del tabernáculo para hacer los oficios del servicio a Dios;
(7) pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrecía por sí mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo.
(8) Dando en esto a entender el Espíritu Santo, que aún no estaba descubierto el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese en pie.

Ezequiel no hace mención del arca del pacto, el propiciatorio y los querubines que cubrían el propiciatorio, los cuales estaban en el Lugar Santísimo.

El arca del pacto representaba la misma Presencia de Dios. Dentro de ella estaban las dos tablas de piedra que Moisés había recibido, sobre las que fueron escritos los Diez Mandamientos (la Ley de Dios); la vara de olivo retoñada, fructífera y viviente que Aarón una vez poseyó, y el plato de maná, todo lo cual representaba la naturaleza, la vida, el poder y la autoridad de Dios. Una vez al año el Sumo Sacerdote entraba en el Lugar Santísimo y rociaba la sangre sobre el propiciatorio, que cubría el arca del pacto, para expiar sus pecados y los de los hijos de Israel.

Jesucristo cumplió estos artículos de mobiliario y sus funciones por nosotros. Es por eso que hacen falta en la visión de Ezequiel del Templo.

Uno podría preguntarse por qué tendría que haber siquiera un Templo con todos los detalles que Ezequiel menciona. ¿No se cumplió el Templo también? Si la Asamblea de Dios, el Cuerpo de Cristo, es el Nuevo Templo, ¿por qué todavía necesitamos una descripción del edificio, aunque ya no necesitamos las características importantes y mobiliarios omitidos en ella?

¿No apunta la pregunta a su propia respuesta? Si bien está el actual Templo hecho en el Cielo, compuesto de Piedras Vivas, que somos nosotros, el mobiliario en el antiguo Templo terrenal representaba sombras temporales y necesidades que ya no existen, porque se han cumplido en el producto final que Dios deseaba. La visión de Ezequiel habla de lo que es – el Templo Celestial, no de ese que fue y que sólo sirvió para formar lo que es.

Considere cómo el Templo físico llegó a ser. Dios no lo inició, como con el tabernáculo que Él ordenó a Moisés construir en el desierto. El Templo fue presentado por primera vez por el rey David, quien dijo que quería construir una casa para Dios. Esto es lo que respondió Dios, por medio del profeta Natán:

2 Samuel 7:5-11 RVG
(5) Ve y di a Mi siervo David: Así dice el SEÑOR: ¿Tú Me has de edificar casa en que Yo more?
(6) Ciertamente no he habitado en casas desde el día que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo.
(7) Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿acaso he hablado palabra con alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado que apaciente Mi pueblo de Israel, diciendo: Por qué no Me habéis edificado casa de cedro?
(8) Ahora, pues, dirás así a Mi siervo David: Así dice el SEÑOR de los ejércitos: Yo te tomé del redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre Mi pueblo, sobre Israel;
(9) y he estado contigo por dondequiera que has andado, y he talado de delante de ti a todos tus enemigos, y he engrandecido tu nombre, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.
(10) Además Yo fijaré lugar a Mi pueblo Israel, y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como antes,
(11) desde el día en que puse jueces sobre Mi pueblo Israel. Y a ti te he dado descanso de todos tus enemigos. Asimismo el SEÑOR te hace saber, que Él te hará casa.

Dios no necesitaba una casa construida por el hombre. Los hombres necesitan una casa construida por Dios, la cual el Señor le prometió a David y su pueblo, Israel, un lugar de paz y seguridad permanente. Esto, obviamente, no describe ninguna de las encarnaciones físicas del Templo, terminando todo en violencia para Israel, sino que habla del espiritual en la visión de Ezequiel y en el Libro de Hebreos:

Hebreos 3:1-6 LBLA
(1) Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;
(2) el Cual fue fiel al que Le constituyó, como también lo fue Moisés sobre toda Su casa.
(3) Porque de tanto mayor gloria que Moisés Éste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la edificó.
(4) Porque toda casa es edificada por alguno; mas el que creó todas las cosas es Dios.
(5) Y Moisés a la verdad fue fiel sobre toda Su casa, como siervo, para testimonio de lo que después se había de decir;
(6) pero Cristo, como hijo sobre Su casa; la Cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y la gloria de la esperanza.

Dios siguió diciéndole a David: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, Yo levantaré tu Simiente después de ti, la Cual procederá de tus entrañas. Y haré Su reino seguro. Él edificará casa a Mi nombre, y Yo afirmaré el trono de Su reino para siempre” (2 Samuel 7:12-13 LBLA).

Hubo un cumplimiento físico de esta profecía en Salomón, pero el cumplimiento completo viene sólo por medio de Jesucristo, también conocido como el Hijo de David.

“Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo. Y el Señor Dios Le dará el trono de David Su padre. Y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y Su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32-33 LBLA).

El Templo de Dios está dentro, el resultado del trabajo de la salvación a través de Cristo, un nuevo hombre que camina en el temor de Dios:

“Así dice el SEÑOR: El Cielo es Mi trono y la tierra el estrado de Mis pies. ¿Dónde, pues, está la casa que podríais edificarme? ¿Dónde está el lugar de Mi reposo? Todo esto lo hizo Mi mano, y así todas estas cosas llegaron a ser, declara el SEÑOR. Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante Mi Palabra” (Isaías 66:1-2 LBLA).

Con todas estas cosas siendo así, ¿podría entonces haber, como Schmitt y Laney asumen, un Templo físico en el Monte del Templo en Jerusalén diseñado según el Nuevo Templo Viviente? Nuestra respuesta sería: “¿Para qué?” No habría más necesidad de sacrificios o sacerdocio; los que conforman el Nuevo Templo son libres de entrar y salir por el Espíritu, lo cual cumple las palabras que el Señor habló a la mujer samaritana:

Juan 4:21-24 RVG
(21) Jesús le dijo: Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
(22) Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
(23) Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; pues también el Padre tales adoradores busca que Le adoren.
(24) Dios es Espíritu; y los que Le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que Le adoren.

¿No sería el propósito de un templo en Jerusalén adorar? Schmitt y Laney creen eso. Pero el Señor dice que los verdaderos adoradores adoran en espíritu y en verdad, no en un templo en Jerusalén.

Schmitt y Laney también creen que Jesucristo habitará físicamente en Jerusalén siendo Su base de operaciones el Templo físico. Pero si no se ha de adorar en Jerusalén, de acuerdo con el Único digno de adoración, ¿por qué estaría Él allí en forma humana, y qué necesidad habría de tal lugar de adoración?

Lo que nos lleva a la conclusión de que debemos adorarlo en espíritu y en verdad, donde quiera que estemos:

“Porque donde están dos o tres congregados en Mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos” (Mateo 18:20 RV).

“El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8 RV).

Schmitt, Laney, y muchos millones de cristianos nominales están encerrados en una expectativa carnal del retorno físico del Mesías, así como los judíos esperaban y se desilusionaron cuando su héroe político/militar imaginado no se presentó. Todos ellos, tanto los “cristianos” como los “judíos,” esperan adorar al Mesías en carne, pero ¿qué dice Pablo?

“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ahora ya no Le conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:16-17 RVG).

Schmitt escribe: “La razón por la que el arca del pacto no se encuentra en el Templo futuro se debe a que el trono del Señor está presente. El Señor Jesús, el Justo, se sentará en Su trono como Rey Mesías en el Templo de Ezequiel”.

En Apocalipsis 22, Juan escribe que Cristo es el Templo de la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén de arriba. Esta Jerusalén es el hogar de los santos de Dios, los nacidos de nuevo. El Señor habita adentro – “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. Esa es la Jerusalén de la que Jeremías profetizó (Jeremías 3:16-17). El Señor está presente y en Su trono en el Templo de Ezequiel, el cual, afortunadamente, somos nosotros.

El Altar del Sacrificio

“Y si Me haces un altar de piedra, no lo construirás de piedras labradas; porque si alzas tu cincel sobre él, lo profanarás. Y no subirás por gradas a Mi altar, para que tu desnudez no se descubra sobre él” (Éxodo 20:25-26 LBLA).

El Templo Venidero del Mesías indica que al altar del sacrificio situado en el atrio interior del antiguo Templo se llegaba desde el sur por una rampa, mientras que la visión de Ezequiel muestra que al altar se entraba por las gradas desde el este (Ezequiel 43:17).

Así que ahora hay gradas, mientras que antes estaban prohibidas debido a la desnudez. Lo que significa que el Señor ha quitado nuestra desnudez, o quizás mejor dicho, ahora estamos en un estado de desnudez como lo estuvieron Adán y Eva antes de pecar, en donde no hay vergüenza. Ya no nos ocultamos del Señor atemorizados, habiendo sido justificados por Su sacrificio. Caminamos en novedad de vida, entendiendo y aceptando que todas las cosas están desnudas delante de él. Hemos sido restaurados a la fidelidad santa y a la inherente honestidad, en la pureza de mente, alma y espíritu.

Tenga en cuenta que es Su obra y no la nuestra – Él da forma a las piedras. Cualquier obra de nuestra parte en la construcción del altar, por nuestra sabiduría y mano de obra, no sólo es inaceptable para el Señor, sino que Él lo llama contaminación. Las piedras cortadas son los materiales de los altares de Caín.

Schmitt y Laney señalan algo interesante. Mientras que en todos los demás casos en el Antiguo Testamento, la palabra hebrea traducida como “altar” es “mizbach” (que significa “altar”), la palabra hebrea traducida como “altar” en este caso es “ariel”, que significa “león de Dios”. Los autores señalan que Jesucristo vino como el Cordero de sacrificio a favor nuestro en los días antiguos, pero en estos últimos días, Él finaliza Su obra como el León de la tribu de Judá:

“Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí el león de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos” (Apocalipsis 5:5 LBLA).

Los autores dicen que Ezequiel habla de un Templo terrenal por venir, pero nosotros decimos que él habla del Templo que es ahora. El altar de Ezequiel 43:15-16 es el altar del nuevo Templo espiritual de Dios.

Laney y Schmitt también señalan que en el Templo terrenal, los sacerdotes se acercaban al altar desde el sur cuando sacrificaban en el altar del sacrificio. El Señor en el Lugar Santísimo estaba a la izquierda de ellos. El altar de Ezequiel está configurado de tal forma que los pasos sigan el este, y los sacerdotes miran hacia el oeste al Lugar Santísimo, o directamente hacia el Señor. Este es el Verdadero Sacrificio, en Él, por Su Espíritu, adorándolo en espíritu y en verdad. Éste es ese vencer:

“Al que venciere, Yo lo haré columna en el templo de Mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de Mi Dios, y el nombre de la ciudad de Mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de Mi Dios, y Mi Nombre Nuevo” (Apocalipsis 3:12 RVG).

Ahora Lo vemos cara a cara:

“Ahora vemos por espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como también yo soy conocido” (1 Corintios 13:12 RVG).

No debería ser difícil de entender la vanidad de un templo físico. ¿Cree realmente la gente que el Señor va a estar, literalmente, sentado en un trono en el Lugar Santísimo fuera de la vista de los fieles que ofrecen sacrificios en un altar afuera? ¿No es eso simplemente ridículo?

Imagínese por un momento la idea completamente absurda de Jesús estando literalmente, físicamente en forma humana en Jerusalén en un templo, gobernando toda la tierra desde Su “sede”. Considere que si Él está allí, será un puro milagro, o por lo menos algún tipo de espectáculo que muchos desearán confirmar. Muchas personas acudirán allí para curaciones. Digamos que hay seis mil millones de personas en la tierra. Los que esperan este retorno físico, en cuerpo humano de Jesús se contarán por cientos de millones, si no miles de millones.

Piense en la logística. Divida el número de minutos en un año por, digamos, apenas mil millones de almas, y ver cuánto tiempo personal se llega a pasar en el Templo con Jesús. Adelante – use su calculadora.

¿Y cuántos aviones jumbo se necesitarán para llevar a la gente allí? ¿Y dónde se van a hospedar (sí, tanto las personas como los aviones jumbo)? ¿Y cuál aeropuerto podría manejar el tráfico posiblemente? ¿Cuántos han pensado en estas cosas?

¿Y realmente piensan ellos que se deben ofrecer sacrificios de sangre a Él cuando Él ha cumplido el gran sacrificio por ellos? ¿No está Él ahora en busca de la verdadera adoración en espíritu y verdad, teniendo comunión con Él en todas partes, 24/7?

“Así que, por medio de Él ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de nuestros labios dando gracias a Su Nombre” (Hebreos 13:15 RVG).

¿Espera usted verlo a Él en un cuerpo físico? ¿De Verdad? Esto es lo que Pablo dijo sobre eso mismo:

“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ahora ya no Le conocemos así” (2 Corintios 5:16 RVG).

“Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y el número de ellos era millones de millones, que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza” (Apocalipsis 5:11-12 RVG).

¿Qué valor tendrían los sacrificios físicos, cuando todas las cosas se han cumplido? ¿No ha acabado Cristo con eso?

Hebreos 10:4-12 RVG
(4) Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
(5) Por lo cual, entrando en el mundo, dice: sacrificio y ofrenda no quisiste; mas Me preparaste cuerpo:
(6) Holocaustos y sacrificios por el pecado no Te agradaron.
(7) Entonces dije: He aquí que vengo (en la cabecera del libro está escrito de Mí) para hacer, oh Dios, Tu voluntad.
(8) Diciendo arriba: Sacrificio y ofrenda, y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni Te agradaron (cuyas cosas se ofrecen según la Ley).
(9) Entonces dijo: He aquí que vengo para hacer, oh Dios, Tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero.
(10) En esa voluntad nosotros somos santificados, mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez.
(11) Y ciertamente todo sacerdote se presenta cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados.
(12) Pero Éste, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio para siempre, se ha sentado a la diestra de Dios.

Muchos argumentan que estos sacrificios servirían como recordatorios de lo que el Señor ha hecho por nosotros. Pero, ¿no son las nuevas naturalezas divinas Su logro? ¿Necesita un árbol vivo una sombra como recordatorio de lo que ya es? ¿Se olvidará de sí mismo? Y si es así, ¿de verdad lo iluminará su sombra?

Este es el testimonio, sin necesidad de recordatorios:

2 Corintios 5:16-20 LBLA
(16) De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ahora ya no Le conocemos así.
(17) De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron [sombras incluidas]; he aquí todas son hechas nuevas.
(18) Y todo esto proviene de Dios, Quien nos reconcilió Consigo Mismo por Jesucristo; y nos dio el ministerio de la reconciliación.
(19) De manera que Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo al mundo, no imputándole sus pecados, y nos encomendó a nosotros la palabra de la reconciliación.
(20) Así que, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en Nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

Lo viejo se acaba cuando lo permanente ha llegado, y nunca es reinstalado:

Hebreos 8:4-13 RVG
(4) Porque si Él [Cristo] estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan ofrendas según la Ley;
(5) los cuales sirven de ejemplo y sombra de las cosas celestiales, como fue advertido por Dios a Moisés cuando estaba por comenzar el tabernáculo: Mira, dice, haz todas las cosas conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.
(6) Mas ahora tanto mejor ministerio es el Suyo, por cuanto Él es el mediador de un mejor testamento, que ha sido establecido sobre mejores promesas.
(7) Porque si aquel primer pacto hubiera sido sin falta, no se hubiera procurado lugar para el segundo.
(8) Porque hallando falta en ellos, dice: He aquí vienen días, dice el Señor, cuando estableceré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto;
(9) No como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto: Porque ellos no permanecieron en Mi pacto, y Yo los desatendí, dice el Señor.
(10) Porque éste es el pacto que haré con la casa de Israel, después de aquellos días, dice el Señor: Pondré Mis Leyes en sus mentes, y sobre sus corazones las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos Me serán a Mí por pueblo:
(11) Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor: Porque todos Me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor.
(12) Porque seré propicio a sus injusticias, y de sus pecados y de sus iniquidades no Me acordaré más.
(13) Y al decir: Nuevo pacto, da por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está a desvanecerse.

Nosotros ya no tratamos con sombras. Nosotros ya no somos sombras. Los santos ya no necesitan sombras de Su venida, estando Él dentro de ellos mediante un nuevo nacimiento. Nuestra obra es ahora en la Realidad, como se propuso originalmente. Somos Sus recordatorios en nuestro vivir, mentes completamente agradecidas centradas en Él, ocupadas en Él en espíritu y en verdad por naturaleza. Esto es lo que Él nos prometió.

Los que buscan a un Jesús físico nunca Lo han conocido. Ellos nunca han nacido de nuevo.

El Río de la Vida desde el Trono de Dios

“Me hizo volver luego a la entrada de la casa; y he aquí aguas que salían de debajo del umbral de la casa hacia el oriente; porque la fachada de la casa estaba al oriente: y las aguas descendían de debajo, hacia el lado derecho de la casa, al sur del altar… Y midió otros mil, y era ya un río que yo no podía pasar; porque las aguas habían crecido, aguas para nadar, y el río no se podía pasar… Y junto al río, en su ribera de uno y otro lado, crecerá todo árbol frutal; su hoja nunca caerá, ni faltará su fruto; a sus meses madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina” (Ezequiel 47:1,5,12 RVG).

Apocalipsis 22:1-3 RVG
(1) Y me mostró un río puro de agua de vida, límpido como el cristal, que provenía del trono de Dios y del Cordero.
(2) En el medio de la calle de ella, y de uno y de otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que lleva doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.
(3) Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.

El Nuevo Templo de Dios está dentro, aquí y ahora para aquellos que son del Cuerpo de Cristo. ¿Desde donde fluye el río limpio de Agua de Vida? Jesús nos dijo:

En el último día, el gran día de la Fiesta [significando el Nuevo Día y el cumplimiento de Cristo en nosotros] Jesús se puso en pie y alzó Su voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba. El que cree en Mí, como dice la Escritura, ‘De su interior correrán ríos de agua viva’. (Esto dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creyesen en Él; porque el Espíritu Santo aún no había sido dado; porque Jesús no había sido aún glorificado)” (Juan 7:37-39 RVG).

El Agua de Vida Sanadora es la Palabra de Verdad saliendo del nuevo corazón del hombre por el Espíritu de Dios.

“Y verán Su rostro, y Su Nombre estará en sus frentes” (Apocalipsis 22:4 RV).

“Y allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de lámpara, ni de luz de sol, porque el Señor Dios los alumbrará; y reinarán por siempre jamás. Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor Dios de los santos profetas ha enviado Su ángel, para mostrar a Sus siervos las cosas que deben acontecer en breve” (Apocalipsis 22:5-6 RVG).

¿Habría necesidad de luz en la tierra con un Templo terrenal? Yo creería sí. ¿No está Juan hablando de la Luz interior, la Luz de todos los hombres?

Apocalipsis 21:22-26 LBLA

(22) Y no vi en ella Templo alguno, porque el Señor Dios Todopoderoso es su Templo, y el Cordero.
(23) y la ciudad [la Jerusalén Celestial] no tiene necesidad de sol, ni de luna, para que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.
(24) Y las naciones de los que hubieren sido salvos andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra [el Templo celestial está en la tierra] traerán su gloria y honor a ella.
(25) Y sus puertas no pueden ser cerradas de día, pues allí no habrá noche.
(26) Y traerán la gloria y la honra de las naciones a ella.

Zacarías 14:6-9 LBLA
(6) Y sucederá que en aquel día no habrá luz; las luminarias se oscurecerán.
(7) Será un día único, conocido sólo del SEÑOR, ni día ni noche; y sucederá que a la hora de la tarde habrá luz.
(8) En aquel día sucederá que brotarán aguas vivas de Jerusalén, una mitad hacia el mar oriental y la otra mitad hacia el mar occidental, será lo mismo en verano que en invierno.
(9) Y el SEÑOR será rey sobre toda la tierra; aquel día el SEÑOR será Uno, y Uno Su Nombre [no dos ni tres].

La Ciudad de Dios

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, y a la Ciudad del Dios vivo, la Jerusalén Celestial, y a una compañía innumerable de ángeles, a la congregación general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en el Cielo, y a Dios el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos perfectos, y a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre del rociamiento que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:22-24 RVG).

Hebreos 11:8-10 LBLA
(8) Por fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba.
(9) Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa:
(10) Porque esperaba la Ciudad que tiene fundamentos, cuyo artífice y hacedor es Dios.

¿Dónde encontraremos el arca del pacto, si no en el Lugar Santísimo? ¿Dónde encontraremos el Lugar Santísimo si no en el Templo? ¿Dónde encontraremos el Templo, si no en Jerusalén, la Ciudad de Dios? ¿Dónde está esta ciudad que cada hijo e hija de la fe, hijo e hija de Abraham, han buscado desde el principio del tiempo?

Hebreos 11:13-16 RVG
(13) Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
(14) Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria.
(15) Que si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo para volverse.
(16) Pero ahora anhelaban una mejor patria, esto es, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les había preparado una Ciudad.

Zacarías (capítulo 14, especialmente) habla de la venida del Señor. Si hablamos en términos físicos, sin duda el tiempo debe estar en la ecuación. En Apocalipsis 22:6, se dice que estas eran “cosas que debían suceder “en breve”. ¿2,000 años significa  “en breve”? ¿Era lo suficientemente pronto para Juan y aquellos a quienes fue enviado con el mensaje de Apocalipsis? Pero estas cosas fueron hechas en breve. Ellas fueron hechas y se hacen por dentro:

“Y preguntándole los fariseos, cuándo había de venir el Reino de Dios, respondió y les dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia; ni dirán: ‘Helo aquí, o helo allí’; porque he aquí el Reino de Dios entre vosotros está [dentro]” (Lucas 17:20-21 RVG).

Él dijo que vendría pronto:

“He aquí, Yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las Palabras de la profecía de este Libro” (Apocalipsis 22:7 RV).

“He aquí, Yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. Al que venciere, Yo lo haré columna en el Templo de Mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el Nombre de Mi Dios, y el nombre de la Ciudad de Mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del Cielo, de Mi Dios, y Mi Nombre Nuevo” (Apocalipsis 3:11-12 RVG).

Él declaró que vendría pronto a los que estaban sin arrepentirse, y se comprometió a llegar rápidamente a aquellos que necesitaban aliento para seguir adelante. ¿No son estas las cosas de Dios por dentro, que vienen en el momento oportuno para cada persona, en Su tiempo?

¿Cumplió Él Su promesa, o están todos los hombres esperando todavía? Nosotros damos testimonio de que Él cumplió Su promesa y llegó rápidamente a los de los días de Juan y a nosotros en nuestros días. Nosotros tenemos y somos Su promesa –  “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). Él ha venido y viene y vendrá:

“Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y Fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8 RVG).

“Y cada uno de los cuatro seres vivientes tenía seis alas alrededor, y por dentro estaban llenos de ojos. Y no reposaban ni de día ni de noche, diciendo: Santo, santo, santo es el Señor Dios, el Todopoderoso, que era y que es y que ha de venir” (Apocalipsis 4:8 RVG).

Los que han vencido en Cristo han entrado en la Ciudad de Dios. En la Jerusalén Celestial está el Templo de Dios, que se compone de todo hijo e hija de Abraham, nuestro padre en la fe y el amigo de Dios, nacidos de nuevo.

El escritor de Hebreos dice que sus oyentes han llegado a la Ciudad del Dios Vivo, a la Jerusalén Celestial – la Ciudad que cada peregrino espiritual ha buscado. Pero luego dice:

“Por tanto, salgamos a Él, fuera del campamento, llevando Su vituperio. Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13:13-14 LBLA).

De modo que por la fe, los santos han llegado; por la fe, ellos tratan de llegar; y por la fe, llegarán. ¿Andan los santos en busca de un Templo físico en la Jerusalén física donde Jesús dijo que ya no estaríamos adorando – aquí en la tierra, donde no hay “ninguna ciudad permanente”, o buscamos la Ciudad que desciende del Cielo?

¿Ya vino Él? ¡Sí, ya vino! ¿Viene Él? ¡Sí, Él viene! ¿Vendrá? ¡Sí, Él vendrá! “Yo soy el que soy”, y, “Seré el que Seré”, el Principio y el Fin de todas las cosas, Jesucristo, Dios Todopoderoso, el Todo en todos. ¡Amén!

Víctor Hafichuk y Paul Cohen 

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