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¿Qué Es la Confesión?

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“Y eran bautizados por él (Juan) en el Jordán, confesando sus pecados.” (Mateo 3:6 RVG)

Confesar significa que usted está siendo honesto.

La Concordancia Exhaustiva Strong define la palabra “confesando” en este pasaje (Greek 1843) como “reconocer o estar de acuerdo completamente: -confesar, profesar, prometer.”

La primera persona a quien usted confiesa es a usted mismo. Confesar significa que usted está siendo honesto; usted se da cuenta de que tiene algo que confesar, reconocer o admitir completamente. Es una transacción del corazón, no un simple movimiento de labios o un ligero pensamiento. Cuando confesamos, declaramos, aseguramos, reconocemos totalmente con toda honestidad, que algo es así, sin ninguna duda o ambigüedad.

Si la confesión es ferviente, también se la haremos a Dios, admitiendo el asunto delante de Él. Cuando nos lo anunciamos a nosotros mismos sin reservas, esencialmente se lo estamos diciendo a Dios también, porque Él sabe, oye y ve todo, y nosotros sabemos que así es.

En verdad, si usted está confesando un pecado o una falta honestamente, o si usted está confesando a Jesucristo como Señor (“confesión” definida como la define Strong, y no como otros podrían definirla), Dios ya ha ido delante de usted para darle la fe, el corazón, y la lengua para hacerlo. Pablo declara:

“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” (1Corintios 12:3 RVG)

Debemos confesar nuestro pecado y falta a Dios en forma personal, específica y directa.

Pablo les está hablando a los santos de Corinto acerca de la confesión genuina del corazón, a través de los labios. (Sabemos que muchos dicen que Jesús es Señor, pero no lo conocen a Él ni les interesa – en otras palabras, una confesión sólo de labios no es suficiente.)

Una confesión piadosa y verdadera es sustancia, respaldada por actos manifiestos que demuestran y prueban la genuinidad de la confesión.

También debemos confesar nuestro pecado y falta a Dios en forma personal, específica y directa.

¿Lo dejamos hasta allí? ¿Es eso suficiente para Dios? No según las Escrituras. Si la confesión es segura, vamos a ir hasta el final, haciendo el trabajo completo. Dios sabe que a nosotros nos gusta mantener en privado nuestro sucios secretitos. Él sabe que tenemos un ego que cuidadosamente tratamos de preservar todo el tiempo, no digamos los dioses que nos gusta entretener, de manera consciente o no. Él conoce todos nuestros razonamientos, justificaciones y pretensiones que deben ser tratadas. A nosotros nos gusta engañarnos solos, razonando que realmente no es necesario publicar nuestros pecados y problemas, o que si confesamos ciertas cosas, podríamos herir a seres queridos o a nosotros mismos.

Quien está confesando el pecado merece morir y debe reconocer que eso es así.

Si confesamos un adulterio, esperamos que nuestro cónyuge se va a sentir herido (a), profundamente ofendido(a) o muy enojado (a). ¿Quién sabe si luego de eso tal vez venga un divorcio? O si tenemos que confesar algún robo o delito, podría ser que se nos acusara legalmente, o podríamos ir a prisión o hasta la ejecución. “Y luego ¿qué van a hacer mi esposa y mis hijos?” podríamos preguntarnos. “¡No puedo confesar esto! Si lo hago, estoy muerto ¡y ellos quedarán sin esposo y sin padre!”

Estos no son pensamientos de verdadera preocupación por los seres queridos. No, estos son pensamientos de auto-preservación disfrazados de una auto-justificada preocupación por los demás. Quien está confesando el pecado merece morir y debe reconocer, con su vida entera, que eso es así. La verdadera confesión es una sentencia de muerte, aun si usted no tiene que enfrentar el legalismo de este mundo. Es una transacción interior. Es un cruzar de las tinieblas a la luz, del gobierno de Satanás a la ley y gobierno de Dios.

Cuando el pueblo venía a Juan confesando sus pecados, ellos eran sumergidos (bautizados) en las aguas del Jordán, una representación de la muerte, de la sepultura y de la resurrección. Lo que ellos hacían externamente y públicamente eventualmente se hacía realidad por dentro. Era una preparación para la entrada en el Reino de Dios. Jesús dijo: “¡Arrepentíos, porque el Reino de Dios se ha acercado!”

Para entrar en la luz, debemos ser abiertos y honestos – aquí no hay secretos.

Ellos venían confesando que sus vidas no eran satisfactorias a Dios así como estaban. Venían confesando con sus vidas que Dios es verdadero, que hay que creerle y obedecerle a Él a cualquier costo – toda pretensión, estatus y beneficios sociales, la alabanza de los hombres y las esperanzas y ambiciones de este mundo están condenadas.

Dios sabe de qué estamos hechos, que somos polvo, llenos de enfermedad, y Él sabe que tiene que tratar con nosotros de tal manera que nos haga venir a la luz:

“Y ésta es la condenación; que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas. Pero el que obra verdad, viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.” (Juan 3:19-21 RVG)

Para entrar en la Luz, debemos ser abiertos y honestos – nada de secretos aquí, ni de esconderse, nada de tinieblas, ni excusas o “buenas razones,” nada de encubrir o alterar la verdad desnuda.

La Luz lo revela todo. Y Jesucristo es la Luz.

“Jesús viendo que Natanael venía hacia Él, dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño.” (Juan 1:47 RVG)

Un verdadero creyente (un verdadero israelita) es alguien en quien no hay engaño, ni fraude, astucia, sutileza o auto-preservación. Él es un libro abierto, un hijo de, y en, la Luz – usted ve lo que obtiene y obtiene lo que ve.

La Luz lo revela todo. Y Jesucristo es la Luz; Él lo dijo:

“Y otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que Me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” (Juan 8:12 RVG)

“Él no matará; él no robará; él no cometerá adulterio; él no andará en tinieblas.”

Jesús es la luz de los hombres (Juan 1:4). Aunque Dios generalmente se manifiesta a Sí mismo en toda la creación, Él particularmente se manifiesta en Su Hijo y en Sus siervos, los que son nacidos de Él y llamados y escogidos para servirle a Él:

“Porque el anhelo ardiente de las criaturas, espera la manifestación de los hijos de Dios.” (Romanos 8:19 RVG)

El enemigo sabe que si usted se pone claro, él pierde su objetivo.

Comúnmente se predica que sólo debemos confesarle a Dios, ni siquiera a la persona a quien hemos ofendido. Esa es una mentira, por lo menos un error de primer orden. Ese es el enemigo hablando con todo su “amor” y “preocupación por los demás.” El amo de las mentiras sabe cómo retener a un hijo de las tinieblas en sus prisiones y cadenas. Él sabe cómo persuadirlos para ser “buenos” y no herir los sentimientos de nadie o poner en peligro su comodidad social en ninguna manera. Él sabe que el auto respeto es importante para ellos y los persuade a preservarlo. Él sabe cómo tocar los botones correctos.

El enemigo también sabe que si usted se pone claro, usted gana su libertad y él pierde su objetivo. Las cadenas son rotas y la puerta de la prisión se abre de par en par; el alma de este cautivo queda en libertad; ¡la verdad le ha hecho libre! Eso no es algo que el destructor de las almas quiera, para nada. Él no viene a dar vida, sino a robar, matar y destruir.

Santiago les dice a los santos:

Confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo, puede mucho.” (Santiago 5:16 RVG)

[La palabra “faltas” (G3900) in Santiago 5:16 significa, “desliz (lapso o desviación), es decir, error (no intencional) o transgresión (voluntaria): – falla, falta, ofensa, pecado, transgresión.”]

La confesión de pecado o falta es admitir la culpa o la falla ante todos los involucrados.

Junto con la confesión de las faltas, los santos deben orar los unos por los otros. ¿Cómo sabrán ellos qué orar por usted, si usted se guarda para sí mismo sus fallas? ¿Y cómo podrá usted ser sanado si ellos no oran por usted? Dios usa a los miembros de Su cuerpo para ministrar salvación y sanidad los unos a los otros. Él los trae para que sean uno los unos con los otros, que sean abierto y que fluyan – no hay lugar para la independencia. Una rama separada del árbol no sobrevivirá; así es con los que esconden sus secretos a Dios y al hombre.

La confesión es un acto abierto, una declaración ferviente, sincera y honesta de algo, no sólo de labios, sino con la vida. La confesión de pecado o falta es admitir la culpa o la falla ante todos los involucrados –ante uno mismo, ante Dios, ante el/los ofendidos y ante aquellos que están ministrando salvación o liberación de parte de Dios al hablar la verdad y orar por el ofensor. Los judíos que venían al Jordán sabían qué era lo que tenían que hacer, ellos fueron movidos por Dios para hacerlo.

Pero no todos. Los fariseos también venían, y ellos no pensaban confesar sus pecados. Después de todo, ellos eran los “justos,” que gobernaban sobre los pecadores. Los justos no tienen pecados que confesar, ¿o sí? Pero ¿qué dicen las Escrituras sobre eso?

“If we say we have no sin, we deceive ourselves, and the truth is not in us.” (1 Juan 1:8 RVG)

Y: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.” (1 Juan 1:10 RVG)

La confesión aceptable es la que se hace con la vida, con sustancia, no sólo de labios.

Pero, ¿Qué ocurre cuando confesamos nuestras faltas los unos a los otros?

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9 RVG)

¿Quiere usted, pecador, ser limpio? Entonces haga lo que Dios le dice que haga. Haga lo que Él dice que funciona, y no lo que dicen los hombres, quienes lo mantendría a usted en tinieblas y atadura, dándole falsas esperanzas y falsa seguridad. Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso. Confiese; completamente, abiertamente, honestamente reconozca sus pecados y faltas a aquellos que esperan, listos para servir a Dios.

Entiéndalo bien: La confesión aceptable es la que hace con la vida, con sustancia, no sólo de labios, de forma. Dios conoce al hipócrita y al mentiroso, y Él conoce la honestidad y la sinceridad. Usted no puede engañarlo a Él.

“No os engañéis, Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gálatas 6:7 RVG)

La limpieza de su injusticia será de acuerdo a su honestidad y a su fe y a la extensión de su confesión. Bendito es el que practica la verdad y viene a la Luz para que sus obras sean reveladas, de que existen, habiendo sido hechas en Dios.

Ahora Paul y yo tenemos que hacer una confesión:

Varias veces se ha reportado en Palabra Revelada de Tegucigalpa Honduras, por sus líderes, Bernardo y Mirna Símonson, y por algunos pastores asistentes y devotos seguidores, que nosotros, Víctor Hafichuk y Paul Cohen, con la ayuda de Edwin y Delia Romero, su madre María Luisa (Mery), y otros, estamos contaminando almas y engañándolas.

Ante esos cargos, les decimos:

Si por “contaminación,” se refieren ellos a que guiamos a las almas a una confesión de corazón y arrepentimiento de pecados y faltas, pidiendo perdón y restituyendo a su prójimo, y así poniéndose a cuentas con Dios, entonces somos culpables.

Si por “contaminación,” se refieren a que traemos el Evangelio de Jesucristo sin cobrar, sin invitar a nuestros oyentes a que nos paguen por nuestro trabajo, entonces somos culpables.

Dios ya no tolerará el agitar de lenguas malvadas contra Él y Sus hijos.

Si por “contaminación,” ellos hablan de que le damos a la gente esperanza y fe en Dios, entonces somos culpables.

Si por “contaminación,” se refieren a que le enseñamos a la gente a vivir vidas santas e íntegras delante de Dios, obedeciéndole a Él, haciendo a un lado toda suciedad de la carne, y haciéndose el bien los unos a los otros, para que les vaya bien a todos, entonces ciertamente somos culpables.

Si por “contaminación,” se refieren a que las almas están siendo libertadas a través del genuino arrepentimiento y confesión de pecados, y fe en la sangre derramada y resurrección de Jesucristo, Señor de señores y Rey de reyes, la Resurrección y la Vida, entonces nosotros con toda certeza somos culpables.

Delante de Dios y de los hombres, lo confesamos, no nos arrepentimos, y no nos disculpamos por eso.

Si los de Palabra Revelada saben de pecado en nuestras vidas, si ellos ven frutos que apartan de Dios, de acuerdo con las Escrituras, entonces que lo digan. Si no, que conserven su paz para siempre, porque Dios ya no tolerará el agitar de lenguas malvadas, envidiosas, ambiciosas, irresponsables contra Él y Sus hijos. Nuestro Dios es un Dios celoso y no se le puede menospreciar ni jugar con Él.

Dios ha dejado de guiñar el ojo, y los que crean verán que lo que decimos es verdadero concerniente al final de los falsos profetas, maestros, acusadores y todos los que se oponen al pueblo de Dios y murmuran contra lo que Él está haciendo.

Consideren, por sus vidas. Es tiempo de arrepentirse y de confesar, o de perecer.

Finalmente, Bernardo y Mirna, ¿qué tan limpias están sus vidas? ¿Qué hacen ustedes en lo secreto, y qué esconde su gente los unos de los otros, lo cual pretenden esconder de Dios? ¿Cómo están sus familias? ¿Cuáles son las actividades de cada miembro de sus familias? ¿Lo saben ustedes?

Y si lo saben y lo mantienen en secreto, ¿están ustedes tan engañados como para suponer que Aquél que hizo el ojo para ver no ve? ¿No han leído ustedes sus Biblias sobre cómo no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto? ¿Podrán engañar a sus hermanos para siempre? Nosotros creemos que no.

Consideren, por sus vidas, consideren. Es tiempo de arrepentirse y de confesar, o de perecer. Y ustedes tendrán que dar cuenta de las almas que hayan hecho perecer junto con ustedes.

Víctor Hafichuk

Confesión de Pecado

Una señal segura de la obra de Dios es la confesión de pecados y la resituación. El Reino de Dios ha venido a la tierra cuando uno reconoce sus errores y hace lo que Él requiere al respecto. Este documento le dirá mas acerca de este bendito evento.

Traducido al español por Edwin Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero

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