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La Violencia Es Galopante en la Tierra

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Peor que en los Días de Noé

“El te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el SEÑOR de ti, sino sólo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?” (Miqueas 6:8 LBLA)

“¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿Y quién podrá estar en Su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño. Ese recibirá bendición del SEÑOR, y justicia del Dios de su salvación.” (Salmo 24:3-5 LBLA)

Ha llegado el tiempo en la historia de la humanidad de que el Señor haga una limpieza.

En 1977 en Dauphin, Manitoba, Dios me dijo que Él había dejado de guiñar el ojo, que Él estaba harto de los pecados del pueblo y que ya no toleraría más. Él me dijo lo mismo en 1984 en Bernalillo, Nuevo México. Me dijo lo mismo en 1998. Durante los pasados años, Él me ha estado diciendo: “La soga se está socando.”

Todos estaban engañando, confundiendo, falsificando, renegando, defraudando.

Ahora les digo que la soga se ha socado, y la compuerta se está abriendo. Dios ha dejado de pasar por alto la violencia que está por todas partes en toda forma en todos los niveles de la sociedad. Yo quiero hablar específicamente de la violencia en los negocios, tratos y el comercio.

En los días de Noé, Dios vio cómo la gente se conducía y Él decidió que no toleraría más:

“Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra.” (Génesis 6:13 RVG)

El significado de la palabra “violencia” no es exactamente lo que supone la mayoría. Normalmente pensamos que se refiere a fuerza física literal como peleas, robos a mano armada, heridas, violaciones y asesinatos. Pero la raíz del vocablo hebreo “khamas” simplemente significa ganancia mala o injusta; – “cruel(dad), daño, falso, injusticia, opresor, incorrecto, violencia (contra, hecho), trato violento” (Strong H2555).

Todo se trataba de avaricia y de conducta comercial, económica, gubernamental y social corrupta. La gente se daba la mano y sonreía y prometía y adulaba. No se podía confiar en nadie. Ellos escribían contratos, no sólo para facilitar registros y memorias de los detalles, sino primeramente porque ellos no confiaban, ni podían confiar, los unos en los otros. Todos estaban engañando, confundiendo, falsificando, renegando, defraudando, mintiendo y estafando – tomando más de lo justo, y no devolviendo a otros lo que les pertenecía.

La gente era amigable la mayor parte del tiempo – ellos no necesariamente se miraban violentos o que ejercieran violencia física. Sin duda, también se miraba eso, pero en general era como es hoy en Europa, Norte América, y en el resto del mundo. En los días de Noé, las cosas no estaban tan mal como están hoy. Todo está mal hoy.

¿No nos dijo Dios que sería peor? ¿Por qué habría Él de enviar fuego en este tiempo, pero solamente agua en los días de Noé, sino porque la maldad necesita un poder limpiador mucho más grande? Dios hará una renovación completa.

¿Y no nos advirtieron Sus siervos sobre la maldad de hoy?

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Timoteo 3:1-5 RVR)

Ellos solían parecer buena gente de familia, ciudadanos sobresalientes.

“Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados.” (2 Timoteo 3:13 RVR)

En los días de Noé, la gente se vestía bien e iba a la iglesia y hacían toda clase de cosas normales, así como grandes obras en el Nombre de Dios. Ellos solían parecer buena gente de familia, ciudadanos sobresalientes, exitosos, caritativos, algunos como héroes de sus comunidades y territorios. Como dice la Biblia, había gigantes en esos días, no sólo en estatura física, sino financiera, política y social:

“Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.” (Génesis 6:4 RVR)

La palabra “gigantes” se traduce del hebreo “néfilim” (Strong H5303) la cual significa, “taladores, bravucones o tiranos.” También había valientes (Strong H1368), es decir, “campeones” y “héroes,” socialmente prominentes, preeminentes y poderosos; esos eran famosos; eran hombres que eran honrados por su autoridad y carácter (no integridad, sino carisma personal), muy parecido a los ganadores o supuestos héroes que la gente admira e imita en nuestros días.

¿Tengo que dar nombres? Sólo piensen en los grandes ejecutivos corporativos que hacen varios millones al año. Piense en los que mueven y remueven todo y se las ingenian para las adquisiciones y posesiones, amontonando mucho oro. Piense en los políticos que escalan hasta la cima, neutralizando a sus competidores de la forma que puedan. Piense en los corredores de bolsa, los agentes de bienes raíces, los agentes de seguros, los banqueros y los sindicatos corruptos. Piense en los establecimientos médicos – los distribuidores de drogas legales – los doctores y las corporaciones farmacéuticas. Piense en los contaminadores petroquímicos de la tierra, no digamos los cárteles de las drogas y organizaciones del crimen organizado.

Piense en las organizaciones religiosas y sus líderes. Piense en los tele-evangelistas, quienes en el Nombre de Dios, inescrupulosamente ordeñan a los pobres y a las viudas por lo que tienen, y ellos viven en extravagancia y decadencia sin el menor remordimiento de consciencia; de hecho, ellos se ríen de los tontos que ellos han engañado haciéndoles creer que son hombres de Dios. Sí, hay una violencia galopante por todas partes y Dios ya tuvo suficiente. Él no puede tolerar más.

Piense en esto: Cuando yo compro un carro de un distribuidor, ¿por qué necesito un contrato? ¿Para qué sirve? ¿No sería suficiente un apretón de manos si hubiera buena voluntad y genuina preocupación por el prójimo entre comprador y vendedor? ¿Debe ponerse por escrito en caso de que yo vaya a la corte a reclamar lo que es mío por derecho, o por tratar de retener lo que la otra parte trate de quitarme aunque no le pertenece? ¿Por qué tiene que ser así? ¿Debe mi vendedor estar en guardia contra mí y viceversa?

Dios anda buscando verdad, bondad, misericordia y justicia – negocios confiables sin contratos escritos.

¿Qué tal, “Honrado vendedor,” en lugar de, “Cuidado, comprador”?

Él está buscando respeto genuino e interés por el prójimo. Si yo compro un vehículo, yo no debo tratar de hacer que el vendedor se baje a una miserable compensación por sus esfuerzos, y luego salir yo jactándome de la gran ganga que conseguí. Yo no solamente debo preocuparme de conseguir un trato justo para mí mismo, sino que también me debe importar aun más que al vendedor se le dé un pago justo por su esfuerzo. Al mismo tiempo, él no debe atacar la yugular buscando una exorbitante compensación en detrimento del comprador.

Si yo estoy de acuerdo con el precio de un vehículo, es razonable que si surgen problemas inesperados luego de comprarlo, con tal que yo no sea abusivo o negligente, el vendedor tenga presente mis mejores intereses y esté dispuesto a, de hecho ansioso por, arreglar las cosas, con justicia, y a mi satisfacción. Y la palabra se expande. Los clientes se amontonarían en las distribuidoras.

¿“Advertencias al comprador (cuidado, comprador)”? Así era como lo hacían los romanos, y Roma cayó. ¿Qué tal si se hace a la manera del Nuevo Reino, el que ahora está por establecerse? ¿Qué tal, “Honrado vendedor,” en lugar de, “Cuidado comprador”? Sólo piense en cómo sería si usted pudiera entrar en cualquier tienda o sala de exhibición y pagar por lo que le pidan sin temor ni dudas, confiado de que el precio es justo y seguro de que si algo sale mal, el vendedor se encargará de ello sin debate ni vacilación. ¿Qué puede decir uno de un mundo en el que los vendedores están genuinamente para velar por sus mejores intereses como cliente?

¿Y cómo se sentiría el vendedor si él tuviera un comprador amigable que esté dispuesto a pagar el precio justo, sin el menor interés en hacerlo que se baje a un precio por el suelo donde el vendedor gane menos de lo decente por su labor? ¿Cómo se sentiría él sin tener competidores inescrupulosos haciéndole la vida imposible? ¿Cómo se sentiría él si no necesitara a la competencia para mantenerse honesto?

Lo correcto o incorrecto de algo no es el punto; ganar es el punto.

Considere otro punto en ventas donde los precios están sujetos a negociaciones. Entran los fuertes y habilidosos y exitosamente negocian el mejor trato que pueden. Vienen los débiles y pagan más por el mismo producto. ¿No está interesado Dios en los débiles, en los indefensos, en los huérfanos, en los que no tienen padre, en las viudas? ¿No deberíamos nosotros tener los intereses de mente y corazón que Él tiene para todo? Sí, siendo creados a Su imagen, más vale que usted crea que sí deberíamos. Esa es la voluntad de Dios.

¿Existe un comercial honesto en los medios? Puede haberlo, pero no se me ocurre ninguno; por el contrario, se me vienen muchos que son deshonestos. Vea una hora de televisión con comerciales y piense analítica y honestamente en cada uno de ellos. No tengo dudas de que en la mayoría de ellos usted encontrará fraude y mentiras descaradas. Y muchos se tragan esas mentiras (“¡Wow! Ese es un buen comercial,” o “¡Hey, quiero de eso!”); compran la promesa, se sienten menos que satisfechos, y luego se dan la vuelta y hacen lo mismo, mintiendo y enredando a otros. Estamos hastiados; sabemos que los mercaderes están mintiendo; lo esperamos, lo aceptamos, caemos con eso, y vivimos como si nunca podrá ser de otra manera. Piense en esto: Ya no importa que los sueños prometidos no se hagan realidad. La desilusión se ha convertido en cosa pasada.

Hoy en día, escuchamos a hombres decir: “La ambición es buena.” Los vemos orgullosos de poder ganarles a sus competidores y asociados de negocios. Los practicantes de derecho se enorgullecen, no en la justicia, sino en ganar. A los doctores se les paga sea que curen o maten al paciente (por lo menos en Norte América). Hombres acusados o demandados por ofensas abiertamente malvadas invariablemente se declaran “Inocente.”

Todo mundo es inocente. Lo correcto o incorrecto de algo no es el punto; ganar es el punto. El objetivo es escaparse de las consecuencias. No es asunto de lo correcto, sino de poder. El mundo se deleita en vencer en vez de en hacer el bien. El hombres está tan depravado que no se da cuenta que el verdadero poder está en hacer lo correcto. Hay violencia por donde quiera que vayamos. De verdad es un mundo donde perro come perro.

Dios ha dejado de guiñar el ojo. Él ha dejado de pasar por alto la violencia. Sean condenados el negociante, comerciante y prójimo violento, pero que el bueno y el justo sea bendecido. ¿Quedan algunos de estos últimos en la tierra? ¿Quién será el primero o el próximo en comprometerse con ser de los últimos en estos días postreros? ¿Quién es el que va a experimentar la gran bendición de Dios por asumir ese papel? Solamente por la gracia de Dios sucederá esto. No está en el hombre hacer el bien.

Víctor Hafichuk

Traducido al español por Edwin Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero

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