English - Español
Lo Que el Señor Nos Ha Enseñado
Sobre Diezmos y Ofrendas
Cartas que Víctor escribió sobre diezmos y ofrendas:
Parte 1
¡Shalom, Ingrid, y a todos los demás incluidos!
No puedo dejar este tema sin decirles nada más a ustedes al respecto.
Quiero que oren sobre esto y le pidan al Señor que les guarde
y les guíe. Si yo me equivoco, que Dios me perdone y los libre
a ustedes. Que Él pueda iluminarles y revelarles mi corazón,
si está bien o si está mal.
El Señor Jamás me ha reprendido
por diezmar. Más bien, me ha bendecido. |
Cuando me convertí en creyente por primera vez, yo tenía
grandes deudas que por años había tratado de controlar
en todas las formas, desde el mismo momento que empecé a ganar
dinero y que compré un carro y una casa. El mismo año en
que me convertí, mis deudas fueron limpiadas y me compré un
auto nuevo, el modelo que yo deseaba, sin esforzarme por conseguirlo,
pagado de contado.
Ese año, yo había dado mis diezmos en la iglesia a la
que asistía, la décima parte de mi ingreso bruto antes
de las deducciones (un diezmo significa “un décimo”).
Me fue dado hacer esto; dado, digo, porque cerca de mí había
muchos que no estaban dando ni por cerca lo que yo daba. Sin embargo,
yo era el nuevo creyente entre muchos fieles a la iglesia que presumían
aconsejarme y nutrirme. Así que tal vez a ellos no les había
sido dado.
También, yo estaba dando lo que se consideraba apenas lo mínimo.
Yo me sorprendía de que posiblemente otros estuvieran dando menos;
yo suponía que ellos, como “creyentes maduros,” estarían
dando más. Tal vez algunos o muchos de ellos lo hacían.
Eso no lo sé.
Ahora bien, podría ser que en ese año mi casa se ordenó en
lo financiero porque yo me había arrepentido, y no porque yo estuviera
diezmando. Ciertamente, dar el diezmo habría sido vano sin arrepentimiento,
así como cualquier otra obra, aunque fuera muy buena en sí misma.
Pero en Su guianza, el Señor nunca me reprendió por diezmar.
Más bien, Él me bendijo y me permitió, o me enseñó,
que yo estaba siendo recompensado por dar. Yo nunca lo dudé.
Al año siguiente, yo seguí diezmando y Él me proveyó,
sin meterme en más deudas, aunque yo no estaba trabajando sino
que estaba en el instituto Bíblico. (La deuda no es provisión
sino una condición o circunstancia que a menudo resulta de la
falta de provisión.) Un día yo tenía que pagar la
renta… setenta dólares (eso fue en 1974, por una pequeña
habitación para soltero). No tenía nada de dinero. Recibí en
el correo un regalo de cincuenta dólares por mi cumpleaños
28 y Marilyn (mi futura esposa entonces) vino a visitarme y me regaló veinte
dólares. (Yo no le había dicho que necesitaba dinero para
la renta.) ¡Cabal! Setenta dólares, precisamente, y pude
pagar la renta justo a tiempo.
A finales de ese año, Marilyn y yo nos casamos. Al año
siguiente decidimos dar el veinte por ciento. Teníamos pocos ingresos;
fuimos a Europa (incluyendo Bruselas) en un viaje de tres meses y medio
con Operación Movilización, trabajamos por unos meses con
iglesias y yo sólo trabajé por algunos meses con mi jefe
anterior. Tuvimos suficiente provisión, sin faltarnos nada.
¿A quién le dábamos nuestro
diezmo? Se lo dábamos al Señor. |
Luego en 1976, decidimos dar el cincuenta por ciento de nuestro ingreso.
Ese año había ganado, creo yo, 3,800 dólares. Dimos
la mitad de eso. Andábamos un buen carro… un Volkswagen
Variant 1973, manejando muchas millas diarias, vivíamos en una
casa de dos años en el campo, comíamos como reyes y ¡teníamos
todo lo que podíamos desear! ¡Nunca carecimos de nada!
¿A quién le dábamos el diezmo? Se lo dábamos
al Señor. ¿Pero cómo o a través de qué canales?
Le dábamos a Oral Roberts, a Jimmy Swaggart, a Billy Graham, a
Visión Mundial y a Operación Movilización (con quienes
fuimos a Europa en 1975), y probablemente a otros. En este tiempo, nosotros
no nos iríamos en esas direcciones, pero en aquel tiempo no sabíamos
otra cosa mejor, siendo jóvenes en el Espíritu. Sin embargo,
el Señor no nos reprendió, y no nos negó ninguna
cosa buena. En nuestras conciencias, le estábamos dando a Él. Él
no nos enfatizó dónde debíamos dar, solamente que
debíamos dar, y que deberíamos esforzarnos por aprender
dónde y cuánto dar.
¿Qué íbamos a hacer al año siguiente? ¿Daríamos
más que el año anterior? ¿Lo mismo? ¿Menos? ¿Setenta,
ochenta, noventa por ciento? Se lo preguntábamos al Señor.
En ese tiempo se nos mostró que todo lo que teníamos era
del Señor… todo. Nuestras vidas eran Suyas, y nada de lo
que considerábamos nuestro era nuestro solamente. Todo era Suyo.
Si le pertenecían nuestras vidas, ¡cuánto más
todo lo relacionado con las mismas!
Ese año, dimos según fuimos guiados. No diezmamos más.
Vino un predicador a nuestro pueblo en 1977 (Dauphin, Manitoba) para
hacer reuniones de carpa. En ese tiempo estábamos rebuscándonos
con centavos, viviendo en un viejo apartamento, la pesadilla de Dauphin,
Manitoba. A la gente le daba pena identificarse con nosotros por esa
razón, aparte del hecho de que estábamos profesando abiertamente
que éramos creyentes en Cristo. Yo le di un pago de mi sueldo
entero a ese predicador. Él quedó muy agradecido, y él
tenía necesidades de las que nosotros ni sabíamos. Se llamaba
John Poepke, de Michigan. Nosotros dimos gracias.
Desde ese día en adelante, no volvimos a andar juntando centavos
sino que nuestra cuenta bancaria empezó a crecer, aunque mi ingreso
era mínimo. Pronto vendría el día en que usáramos
ese dinero para viajar a Israel, por mandato del Señor, para liberar
a un alma de sus problemas, un alma con quienes ustedes han tenido el
gozo de comunicarse hasta hoy. Él se ha convertido en nuestro
amigo, y no sólo un amigo, sino un hermano y colaborador en Cristo.
Conocimos a Paul en Israel en 1979. Él dejó a su esposa
y todo lo que tenía con ella, por obedecer a Dios. Por lo tanto,
financieramente, aunque salía con sus necesidades, él tenía
poco y vivió en pobreza hasta 1987 cuando él comenzó a
darnos el diezmo en el Señor. Entonces el Señor comenzó a
bendecirlo financieramente, de modo que en poco tiempo él se convirtió en
uno de los más exitosos vendedores de máquinas de negocios
en Montana. Él diezmaba generosamente y el Señor le dio
a él generosamente. Por un tiempo, él reaccionó en
amargura contra el Señor, se fue por su camino, dejó de
dar y volvió a tener poco o nada. Él puede contarles más
al respecto.
Cuando mi hermano y su familia con seis hijos vinieron de Toronto a
Lethbridge para someterse a mí en el Señor, ellos no tenían
nada, y quiero decir nada. Tenían una vieja van, oxidándose
(como muchos carros del este), con el tablero y la tapicería destruidos,
un pequeño y viejo remolque deshaciéndose, la mitad de
las cajas con pañales desechables, y la otra mitad con todas sus
pertenencias muy humildes. Él, su esposa y sus hijos andaban en
harapos, los niños enfermos. En Toronto, él había
trabajado por siete dólares la hora como carpintero, mientras
otros trabajaban por treinta, y ni siquiera los clientes le estaban pagando. Él
tenía seis meses de renta atrasados en su casucha en los barrios
de Toronto.
El diezmo debe darse por pura fe, sin esperar
recompensa. |
Cuando ellos llegaron aquí a estar bajo nuestras alas, comenzaron
a aprender a vivir, a diezmar de sus ingresos y a manejar negocios, etc.
Muy pronto ellos prosperaron en muchas formas. Para hacerles corta la
historia, eventualmente ellos se apartaron del Señor, pero al
irse, tenían más que cuando se volvieron hacia Él.
Cuando ellos dejaron de darnos los diezmos a nosotros, el Señor
dejó de darles negocios e ingresos a ellos; en el momento que
daban (y a veces fue casi literalmente en el momento), el Señor
les proveía. En otros tiempos cuando dejaban de diezmar, el Señor
no les cortaba los negocios, pero nunca les ajustaba, ¡sin importar
cuánto ganaran! Sus cuentas por pagar siempre se comían
sus ingresos. Así es como funciona. Uno puede entenderlo en el
papel, pero los resultados son bastante misteriosos.
Los Benson podrían contarles su propia historia.
Sí, estas son breves historias sobre nuestros diezmos. El diezmo
debe darse por pura fe, sin esperar ganancia, sin esperar ningún
tipo de recompensa. En efecto, se trata de un sacrificio, sin esperanzas
de recuperarlo.
El diezmo es un reconocimiento de la soberanía de Dios, de que Él
es el proveedor de todas las cosas. Es un honor hacia Él, un acto
de fe en el que declaramos, “Sí, el Señor es mi Proveedor
en todas las cosas. Él es capaz de proveer lo que sea que yo necesite
o desee. Deseo honrarlo a Él con la sustancia que sólo Él
me ha dado. No ha sido ni mi jefe, ni la caridad, ni el gobierno, ni
mis propias habilidades y astucia, ni mi educación, ni mis padres,
ni nada ni nadie más que el Señor Quien me ha dado todo
lo que tengo, y Él está por encima de todas las cosas.”
Es un reconocimiento de que valoramos lo espiritual más que lo
físico, lo celestial más que lo terrenal, y de que deseamos
decirles a quienes el Señor ha enviado para ministrarnos las cosas
espirituales, “Bendito el que viene en el Nombre de Señor,” no
sólo de labios, sino con nuestras propias vidas, incluyendo nuestra
sustancia terrenal. (Sin embargo, tengan en mente que el Señor
prefiere la obediencia antes que el sacrificio.)
¿Dónde debes dar? Nosotros somos el alfolí, si
puedes recibir eso. ¿Necesitamos nosotros tu dinero? No en el
sentido que podría pensarse. En verdad, nosotros tenemos más
que suficiente, mucho más que tú. Tú tienes muy
poco, en realidad. Tú eres viuda, viviendo con una pensión
de viuda. Pero ahí tenemos en los Evangelios la historia de la
viuda que dio sus dos blancas, y a quien el Señor aprobó por
lo que dio, no por el dinero, sino por su fe.
Yo sí creo, de acuerdo con Malaquías 3:8-12 (léelo
por favor), que el Señor tiene guardada una bendición para
ti, una gran bendición, en lo que creas y respondas a estas verdades
que ahora escribo en esta carta para testimonio a todos. Si estoy equivocado,
que el Señor lo muestre. De hecho, si estoy equivocado, y en maldad,
que Él me destruya. Yo no tengo placer en recibir tus diezmos
sólo por el dinero, y si así fuera, en algún lugar
escondido en mi corazón, que Él me destruya, digo, que Él
me destruya completamente. Si estoy equivocado, ya me desprecio a mí mismo
por la sola posibilidad de estar equivocado en esto. Pero estas son las
cosas que he entendido ahora, de la manera que las entiendo, y no puedo
hacer otra cosa.
Digo estas cosas para todos aquellos que tienen oídos para oír
y corazones para obedecer. Que el Señor les bendiga y les dé un
discernimiento seguro, entendimiento y fe, para actuar sabiamente y no
en necedad. Amén.
No nos permitamos ni por un
momento adorar a mamón. Adoremos al Dios verdadero. |
A propósito, yo dije que nosotros somos el alfolí, nuestro
ministerio aquí entre los que creen. En verdad, estamos viendo
suceder varias cosas aquí, por las cuales un día habrá provisión
para algunas o para muchas cosas, así como la hay aun ahora, para
aquellos a quienes el Señor escoja. ¿No han participado
ya de esa abundancia muchos de ustedes, aunque sea sólo en parte?
Tú, Lois, Trevor y Mark, ¿no es así? Tú,
Paul, ¿no es así? ¡Sí, es verdad! Y habría
habido gran provisión para otros también si hubieran creído. ¿Recuerdan “El
Arnés del Señor”? Para los que se han sometido a
ese arnés, ha habido gran provisión, pero para quienes
han escogido su propia libertad, gran necesidad.
Que Dios nos permita siempre caminar en la verdad, no engañados
como muchos, atraídos por la concupiscencia de sus apetitos carnales,
engañando y siendo engañados, destruyéndose a sí mismos.
No adoremos a mamón ni por un momento. Adoremos al Dios verdadero,
al Creador de todas las cosas, Quien se entregó a Sí mismo
por nosotros gratuitamente. Adorémosle a Él en Espíritu
y en verdad, así como Él lo requiere de nosotros. Amén.
Por favor lee las siguientes Escrituras: Malaquías 3:8-12; 2
Corintios Capítulos 8 y 9; 1 Timoteo 5:17-18; Lucas 21:1-4; Deuteronomio
16:17; Romanos 12:8; 1 Corintios 16:2; Levítico 14:30; Esdras
2:69; Génesis 14:20; 28:22; Levítico 27:30; 2 Crónicas
31:5.
Hay muchos más versículos sobre el diezmo, las ofrendas,
los sacrificios y las dádivas. Con que leas estos pasajes es suficiente
por ahora, y si tú deseas buscar otros, por favor hazlo.
Él sabía que era a Él
a Quien le dábamos. Al hacerlo así, nunca nos faltó nada. |
Parte 2
Diezmos, Ofrendas y Dádivas
Desde los principios de mi juventud espiritual, el Señor me enseñó a
traerle los diezmos y las ofrendas a Él. Mientras que Él
nos bendecía cuando dábamos, Él nunca nos reprendió por
diezmar y traer ofrendas, no, ni una sola vez. Sí, inicialmente
fue dentro, por y a través de los sistemas de iglesia que Él
lo hizo. (Los sistemas de iglesia tienen cosas verdaderas.) Pero yo fui
grandemente bendecido por medio del diezmo, y aunque le dimos a personas
y organizaciones a quienes no les daríamos hoy, habiendo sido
inmaduros e ignorantes en ese tiempo, el Señor honró esos
diezmos y esas ofrendas, bendiciéndonos, financieramente y de
otras formas. Él sabía que le estábamos dando a Él.
Al hacerlo así, nunca nos faltó nada.
En su momento, nosotros aconsejamos a otros a hacer lo mismo. Ellos
también fueron bendecidos en muchas formas. Cuando daban en fe,
eran bendecidos, pero cuando retenían, no les iba bien. Paul and
Lois podrían contarles sus propias historias sobre este tema,
aunque yo podría darte una perspectiva sobre ellos que tal vez
ellos no podrían dar.
Algunos enseñan hoy que igual que el Templo y el sacerdocio levítico,
los diezmos terminaron. El pueblo les traía ofrendas y
diezmos a los sacerdotes y así se sostenían ellos en su
servicio en el Tabernáculo y en el Templo hasta el día
de Jesucristo cuando esas cosas dejaron de ser. Sin embargo, si los diezmos
y las ofrendas perdieron su validez, ¿por qué el Señor
nos ha bendecido a nosotros y a otros al continuar con los mismos?
Por otra parte, los diezmos no estaban limitados a la observancia del
sistema religioso de Dios en el Viejo Testamento. Miles de años
antes, Caín y Abel trajeron sacrificios a Dios; Noé, dice
allí, trajo ofrendas quemadas. Abraham dio un décimo (diezmo)
a Melquisedec, mucho antes del Tabernáculo y antes que fuera instituido
el sacerdocio. También Jacob hizo pacto con el Señor de
darle el diezmo de todo lo que recibiera si Dios estaba con él.
No tengo duda de que Dios estaba con él, no dudo que Jacob lo
sabía, y no tengo duda de que Jacob haya cumplido con su voto.
Entonces vemos que el diezmo no se limitaba a la existencia del sacerdocio
levítico que vino después de Abraham y de Jacob.
Si el sacerdocio de Melquisedec
continúa,
el acto de diezmar también continúa. |
El Nuevo Testamento hace silencio, hasta donde yo veo, sobre el tema
de los diezmos. Sí habla de ofrendas, de apoyar a los ministerios,
exhortando a quienes son ministrados a que honren con su sustancia a
aquellos que los ministran. También habla de ayudar a los hermanos
cuando estaban en necesidad, como cuando los hermanos en Jerusalén
pasaban por una hambruna. En el libro de Hechos vemos también
que había viudas con necesidad de que la iglesia las apoyara,
lo cual ocurría siempre y cuando ellas anduvieran en santidad,
que fueran de buena reputación y que ministraran para las necesidades
de otros y que estuvieran muy mayores como para sostenerse solas. También
se habla de limosnas, es decir, de dar a los pobres en general, creo
yo.
Cuando digo, “creo yo,” parece haber dudas en mi mente sobre
si había que darles a todos y a cada uno de los pobres. A los
que estaban en el Señor, a los hermanos, ciertamente hay que ayudarlos.
También, no tengo duda de que a los que no están en el
Señor, igualmente hay que ayudarlos en algunos casos, pero siendo
guiados por el Señor.
Hay casos en los que no hay que darles nada a algunos, sea porque el
Señor está haciendo algo con ellos y podríamos estar
interfiriendo, o por otra razón. Por supuesto, eso también
se aplica a aparentes creyentes, como fue el caso contigo y con Pascal,
Ingrid. Allí estaban sucediendo algunas cosas que nos detenían
de dar como podíamos haberlo hecho. Ahora ya sabemos por qué.
Hay un lugar en el Nuevo Testamento donde los diezmos se mencionan hasta
cierto punto. Es donde se menciona que Abraham dio los diezmos a Melquisedec.
Ahora, Jesús es conocido como sacerdote según el orden
de Melquisedec. Mi conclusión, aunque no pueda garantizarla, es
que si Melquisedec recibió los diezmos, aunque no era un sacerdote
levita, el diezmar no se limitaba al sacerdocio levítico. Y si
el sacerdocio de Melquisedec continúa hasta hoy, y así es,
debemos considerar que el acto de diezmar también continúa.
Nosotros somos llamados a poner nuestras vidas
y dar. |
Entonces surge la pregunta de quién es Melquisedec y cómo
es que debe ser honrado, si es que será honrado, con los diezmos.
Creo que Melquisedec está en Jesucristo, o, como testifica la
Biblia, Jesús es un Sacerdote según el orden de Melquisedec.
Los que están en Cristo y en el sacerdocio son parte de Melquisedec. ¿Significa
eso que todos los creyentes? Tal vez sí. ¿O significa que
algunos escogidos son llamados como sacerdotes y ministros para el resto
del Cuerpo de Cristo?
Si nos vamos a la tipología del Viejo Testamento, había
doce tribus en Israel, pero una tribu recibía los diezmos y las
ofrendas de las demás. Creo que el mismo principio se aplica en
nuestra posición presente como lo menciono más adelante
en esta carta. Los diezmos y las ofrendas son para los ministros, así como
Abraham dio su diezmo a un sacerdote, y así como el pueblo traía
de su sustancia a los apóstoles, poniéndolo a sus pies.
Yo creo que en el Cuerpo, están los que han sido escogidos para
ministrar al resto del Cuerpo en asuntos espirituales (Efesios 4:11-16;
1 Timoteo 5:17,18), que el resto del Cuerpo debe honrar a quienes han
sido puestos en autoridad sobre ellos, tanto en palabra como en hechos,
espiritual y físicamente (incluyendo financieramente), según
el Señor guíe y provea.
En cuanto al Cuerpo de Cristo como un todo, es para ministrar al resto
del mundo, a los incrédulos, según Dios inspire, ordene,
dirija, conceda hacer, pero nosotros no requerimos nada del mundo en
ningún momento excepto en asuntos mundanales como en los negocios.
Tampoco está el mundo obligado para con nosotros en cuanto a lo
espiritual. Somos llamados a poner nuestras vidas y a dar. Cuando ellos
crean, ellos nos honrarán, en todas las formas.
Un problema que existe, al igual que en todos los asuntos, es que siempre
existe lo falso así como lo verdadero. Están los que enseñan
falsedad sobre el tema, y requieren que otros les den a ellos cuando
claramente no tienen el derecho a recibir. Ellos no tienen nada que ver
con el Señor Jesucristo.
Igualmente, aquellos que son legítimos están para ministrar
no por lucro sucio, sino porque han sido enviados a hacerlo, sin requerir
ningún pago, confiando en el Señor que Él les provea.
Y Él lo hace; Él de verdad lo hace. Él es fiel y
les paga verdaderos salarios a Sus siervos, y abundantes más allá de
la imaginación.
A Dios no le agrada que los
sacrificios se hagan donde a uno le dé la gana. |
Sin embargo, todos podemos caer o desviarnos buscando y sirviendo a
mamón. Dios me libre de escribirle estas cosas a cualquier persona
con la motivación secreta de ganancia financiera. Es por eso que
todo este tiempo yo he vacilado en decirles cualquier cosa a ustedes.
Que el Señor juzgue estas cosas y nos libre a ambos de ofenderle
a Él y más bien nos conceda glorificarlo a Él en
todo lo que pensamos, decimos y hacemos.
En verdad, yo no necesito su dinero, pero tal vez ustedes necesiten
honrar al Señor con su sustancia, en cualquier forma que tengan
capacidad. El Señor les mostrará lo que es bueno y correcto.
Una cosa más: Hay Escrituras que nos instruyen diciendo que Dios
no se agrada de que los sacrificios se hagan donde a uno le dé la
gana, sino que deben hacerse en el lugar que Él escogiere. Deberíamos
escudriñar esas Escrituras y especificarlas para ustedes, y así lo
haremos, Dios mediante: Deuteronomio 12:13-14, 17-18, 26:2.
Creo que sería productivo si tú discutieras estas cosas
con Paul y Lois, con Mark y Trevor. Quizás a ellos se les conceda
decirte cosas que puedan confirmar o negar lo que he estado diciendo.
Aun ahora me siento renuente, aunque hoy finalmente aquí lo tienes,
a hablar de este asunto.
Todos necesitan considerar esta enseñanza. Y creo que acabo de
recibir del Señor que yo he estado reteniendo esta enseñanza
sin una buena razón, y que al hablarla para todos los interesados,
el Señor abrirá las ventanas de los Cielos y derramará una
bendición al movernos nosotros en obediencia. Si hay algún
culpable aquí, ese soy yo, por no hablar como debí hacerlo
hace mucho tiempo. Con las duras experiencias y las revelaciones que
yo he tenido sobre mí mismo en cuanto al dinero, he estado muy
renuente. Si les he hecho daño, por favor perdónenme.
Que el Señor les conceda sabiduría en todo este asunto.
Víctor Hafichuk
Traducido al español por Edwin
Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero
Haga clic AQUÍ para ver todos los artículos
disponibles en español. |