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El Propósito del Mal

¿Cuál es el propósito del mal? Ésta es una pregunta que ha confundido a los sabios de este mundo desde el principio. Sin embargo, la respuesta puede saberse, y para ese fin se ha escrito este documento, declarando la soberanía de un Dios glorioso Quien encamina todas las cosas hacia el bien.

Yo debería estar sabido que se han escrito incontables libros y documentos, que ha habido innumerable cantidad de debates y discusiones, y se han hecho incontables preguntas en nuestra historia acerca de cuál es el propósito del mal. Sin duda que ha habido muchas respuestas y conclusiones. Creo que la conclusión más prominente es que realmente no lo podemos saber o entender. Esa conclusión es falsa.

El mal ya existía antes de Adán y Eva.

¿No está escrito que aunque es la gloria de Dios ocultar un asunto, es el honor de los hombres investigarlo (Proverbios 25:2)? Yo no he descubierto las respuestas por mi propia capacidad; más bien, en mi búsqueda, Él ha decidido darme esas respuestas, y yo estoy entusiasmado de poder escribirlas para que otros puedan ser edificados y consolados. Por supuesto, sólo aquellos a quienes les sea dado entenderán y se alegrarán.

La doctrina estándar de los hombres dice que el mal existe porque el hombre escogió pecar, con la caída de Adán y Eva. Pero el mal ya existía antes de Adán y Eva, si no, ¿cómo podía haber existido el Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal? La doctrina sigue diciendo, contradiciéndose a sí misma, que “el mal ya existía antes de la Caída, cuando la serpiente fue echada del Cielo.”

Pero, ¿fue la serpiente echada del Cielo antes de la creación? En Génesis 3:1, se dice: “Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho.” La serpiente fue creada en el sexto día, entonces ¿cómo podría haber estado en el Cielo para empezar, mucho menos ser echada, antes de la creación?

El argumento continúa: “Bueno, Satanás fue echado y ¡se metió en la serpiente e hizo caer al hombre, para vengarse de Dios por haberlo echado!” (Eso es estar adivinando, especulando, y cosa de fábulas y cuentos de hadas para niños.)

¿Fue echado del Cielo Satanás antes de la Caída? ¿No leemos en Job 1 que Satanás estaba entre los hijos de Dios en el Cielo, quienes estaban presentándose delante del Señor? ¿No fue Job después de la Caída? Y ¿cómo es que a Satanás se le permitió el acceso después de haber sido echado? Estos argumentos simplemente no caben.

Jesús dijo que Satanás era homicida desde el principio (Juan 8:44).

Además, las Escrituras se refieren a Satanás como a la serpiente, y no sólo como a alguien que se metió en la serpiente.

Otro punto: Jesús dijo: “Vi a Satanás, como a un rayo, caer del Cielo” (Lucas 10:18). ¿Se refería Él a un momento antes de la Caída? ¿No se estaba regocijando Él por los eventos presentes que ocurrieron cuando Sus discípulos, por fe, estaban predicando las buenas nuevas, sanando, echando fuera demonios y haciendo milagros? El poder de Satanás estaba siendo efectivamente desafiado como nunca antes. Por esta causa vino Jesús, para destruir las obras del diablo (1 Juan 3:8).

Satanás nunca había sido un “ángel bueno.” Él fue creado en el sexto día de la creación, y fue creado como es él. Jesús dijo que él era homicida desde el principio (Juan 8:44). Algunos dicen que Satanás es Lucifer y Lucifer es Satanás. Por favor lea Isaías 14, el único lugar donde se menciona a Lucifer, y vea que ese nombre se refiere a un hombre, no a un ángel.

El punto es que el mal existía antes de la caída, la cual no fue por la rebelión de Satanás. Lea El Origen e Identidad de Satanás.

Ahora, si el mal ya existía, y así es, y no fue porque una criatura lo introdujera, entonces tuvo que haber sido Dios Quien lo creó con un propósito. Después de todo, las criaturas no crean, son creadas. El Creador crea. Él es por Quien todas las cosas fueron hechas, y para Quien todas las cosas han sido creadas (1 Juan 1:3; Colosenses 1:16-17). Eso incluye el mal.

“¡¿Dios creó el mal?!” exclamará usted. “¡Blasfemia! ¡Herejía! ¡Dios es un Dios bueno; Él es amor! ¡Él nunca jamás crearía el mal!” Sí, lo haría, y lo hizo, y lo hace. De nuevo, ¿cómo se explica la presencia del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal en el prístino jardín? ¿Quién lo puso allí? ¿Quién lo creó? El Creador lo creó, por supuesto.

Alguien podría alegar: “¡Sí, pero ese sólo fue el conocimiento del mal, no el mal en sí mismo!” ¿Ah? ¿Habría dado Dios el conocimiento de algo que no existía? ¿Se trataba igualmente sólo del conocimiento del bien?

El hombre escoge creer que su Creador solamente le haría bien, nunca mal.

No, Dios creó tanto el bien como el mal. Isaías profetizó: “Yo el SEÑOR, y ninguno más que Yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo el SEÑOR soy el que hago todo esto.” (Isaías 45:6-7).

Esta idea de que Dios sólo creara el bien mientras que Satanás fuera quien introdujo el mal no tiene nada de sustancia en las Escrituras. El hombre ha concebido tal noción porque él no puede aceptar que su Creador, Dios de todo, haría tal cosa. El hombre escoge creer que su Creador solamente le haría bien a él, nunca mal.

Es como los niños que prefieren creer que sus padres nunca los castigarían o disciplinarían. Pues bien, los padres buenos disciplinan a sus hijos; ellos sí les dan a sus hijos lo que sus hijos no quieren. Dios lo ha ordenado de esa manera porque Dios Mismo es de esa manera.

Los niños miran cualquier tipo de disciplina como algo malo, y los hombres consideran malo el castigo del Señor. ¿No tenía temor de estas cosas Job? ¿No consideró malo él lo que le aconteció? Sí, así fue. Él exclamó a su esposa: “¿Recibiremos el bien de la mano de Dios, y no recibiremos el mal también?” (Job 2:10)

Ahora si Dios creó tanto el bien como el mal, ¿por qué lo hizo así? El libro de Job demuestra la repuesta con bastante claridad. Él lo hizo como una necesidad en Su sabiduría para la perfección de Su creación. El mal es una parte integral de todo. Las escrituras dicen que Él nos sujetó a vanidad (Romanos 8:20).

¿Cómo podríamos conocer lo caliente sin lo frío, lo positivo sin lo negativo, la luz sin las tinieblas, lo bueno sin lo malo? No se puede conocer una cosa sin la otra. Esa es la ley de la relatividad. Es la ley de los opuestos.

Job sólo había conocido su propia justicia, y él caminaba en eso de todo corazón. El mal vino sobre él, por dirección de Dios, a través de Satanás, el siervo de Dios para el mal, para llevar a Job a un nivel más alto, a otra justicia, la única de verdadero valor, la justicia de Dios.

Jesús aprendió la obediencia por los males que sufrió.

La vida de Job fue una clásica alegoría, una vívida demostración de lo que cada uno de nosotros debe experimentar en nuestra propia forma y tiempo, al nivel que sea. Sí, debemos experimentar el mal para conocer el bien. Ese fue el propósito de la Caída.

Ahora se preguntará usted, “¿Por qué iba a ser necesaria la corrección si para empezar el mal ni existía?” Pero leemos que aun el Hijo de Dios, Jesucristo Mismo, el Hijo Modelo sin pecado, aprendió la obediencia por las cosas que padeció en manos de los hombres. Él fue continuamente perseguido por los judíos, y con un propósito. Él aprendió la obediencia por los males que sufrió.

Cuando un caballo es entrenado, ese caballo tiene que pasar por un período de disciplina contra su propia voluntad. Jesús tenía Su propia voluntad, aparte de la de Su Padre. Él no tenía pecado; Él no escogió nada en contra de la voluntad de Su Padre, sino que aprendió la obediencia – Él aprendió a someter Su voluntad a la de Su Padre – por medio del sufrimiento (Hebreos 5:8). Él sufrió en manos de los hombres a quienes les fue dado hacerle mal a Él.

José, por las cosas que sufrió en manos de sus hermanos, les dijo: “Ustedes pensaron mal para mí pero Dios lo cambió para bien” (Génesis 50:20). José aprendió la obediencia por las cosas que sufrió. Las cosas que él sufrió fueron diseñadas por Dios, no por Satanás.

Cuando Jesús se paró frente a Pilato, y Pilato le preguntó: “¿Sabes que tengo poder para ejecutarte?” Jesús le respondió: “Ningún hombre tiene poder si no le es dado de arriba” (Juan 19:10-11). Entonces el poder que tenía Pilato para hacer el mal le fue dado por Dios, y Pilato atendió la demanda de los judíos y les entregó a Jesús para crucificarlo.

¿Fue malo eso? Sí, lo fue. ¿Fue necesario? Sí, lo fue. ¿De quién fue la idea? ¿De Satanás o de Dios? Cuando Pedro se puso en pie para hablar en Pentecostés, dijo:

“Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de Él, como vosotros mismos sabéis; a Éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.” (Hechos 2:22-23).

Dios es soberano; todas las cosas están en Sus manos, incluyendo el mal.

Ahora siendo que Dios creó el mal – siendo que Él lo planeó con un propósito en Su sabiduría, explícitamente diciéndonos que todo lo que Él había creado era bueno (Génesis 1) – sabemos que podemos darle a Él el crédito por el mal. No me culpe a mí por lo que la Biblia enseña. Si usted no lo cree, haga el mal y tire su Biblia. O haga algo más malo todavía y crea y enseñe que la Biblia no enseña lo que Ella enseña. Al malinterpretar lo que la Biblia enseña, usted estará sirviendo a Satanás, el siervo de Dios para el mal.

O haga lo bueno, crea las Escrituras y regocíjese en el Señor. ¿Por qué? Porque usted sabe que Él es soberano, que Él reina sobre todas las cosas, y que todas las cosas están es Sus manos, incluyendo el mal. ¿Cómo más podría Pablo exhortarnos, diciendo: “En todo den gracias, porque esta es la voluntad de Dios para con ustedes” (1 Tesalonicenses 5:18)?

Esta es la maravillosa verdad, la verdad libertadora. Mi Dios es grande, y quiero decir mucho más grande que aquél (“a” minúscula) de quien (“q” minúscula) hablan en la población “cristiana” nominal. La mente carnal, la cual supone que puede tomar el lugar de su Creador, ha inventando un dios diferente, artificial, falso, impostor, y perdedor. ¿Cómo podría beneficiarle a usted sustituir a Dios por una concepción corrupta que el hombre ha hecho de Él? No le beneficia.

O el mal está allí porque es necesario, y por lo tanto creado por Dios, o es una aberración de la creación, producida por los rebeldes, arruinando así por lo menos al 95% de la humanidad permanentemente, como dice la falsa enseñanza.

El mal es el vehículo de Dios para llevarnos al conocimiento de Él como nuestro Salvador.

Y ¿de dónde sacaron los hombres su rebelión en todo caso? Si Dios es la Causa Primera, el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin, entonces Él creo el mal. Él es el Autor del mismo.

Pero yo sé, porque lo conozco personalmente y por el testimonio de las Escrituras, que Él es un Dios bueno, fiel, verdadero, y amoroso. Por lo tanto, el mal es ultimadamente para los propósitos del bien. Es Su herramienta de instrucción y Su vehículo para llevarnos al conocimiento de Él como nuestro Salvador y Redentor.

Desde los altos púlpitos del mundo, el hombre enseña que a través del “libre albedrío” que Dios les concedió a quienes Él creó a Su imagen, una enorme mayoría de la humanidad perecerá. Si lo que El creó fue bueno, ¿cómo podría echarse todo a perder por sí solo tan terriblemente? ¿Tiene sentido eso?

Si una criatura buena, creada por un Dios bueno y perfectamente sabio, “se arruina,” y Dios hace planes de redención para esa criatura, ¿no se va a arreglar Su obra después de todo? Pero de allí sale el razonamiento humano, en su “ruindad” causada por el Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal, del cual se le ordenó que no comiera, aunque no se le impidió que lo hiciera.

Ese razonamiento dice así: Dios le dio al hombre “libre albedrío,” para que decidiera si él iba a obedecer a Dios y ver las cosas a Su manera o no. Con este poder, el hombre hizo malo lo que Dios creó bueno. La buena obra inicial de Dios no prevaleció.

¡Su plan de contingencia no funcionó tampoco, en su mayor parte! La “teología” dice que por el “libre albedrío,” algunos pocos humildes escogidos, de buen corazón y discernimiento, “aceptan a Jesús como Salvador” y viven con Él para siempre, mientras que la gran mayoría lo rechaza y perece.

¿Sabe usted lo que eso nos dice? Que hay algo de virtud, algún rastro de justicia, en el hombre (o en unos cuantos). La doctrina del “libre albedrío” sugiere que por virtud humana, el hombre puede escoger lo bueno.

No hay buenos. Todos escogen el mal.

Pero eso es totalmente contrario al testimonio de la Escrituras. El apóstol Pablo repite el Salmo cuando les dice a los Romanos:

Romanos 3:10-18
(10) Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;
(11) No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios.
(12) Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
(13) Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios;
(14) Su boca está llena de maldición y de amargura.
(15) Sus pies se apresuran para derramar sangre;
(16) Quebranto y desventura hay en sus caminos;
(17) Y no conocieron camino de paz.
(18) No hay temor de Dios delante de sus ojos.

Es manifiesto que cada hombre se destruiría a sí mismo por su “libre albedrio,” y ni siquiera unos pocos buenos la harían por elección propia, porque no hay buenos. Todos escogen el mal. ¿”Libre albedrío”? ¡Yo no lo creo! ¡Yo no lo creo! No se menciona el “libre albedrío” en las Escrituras. Elección, obviamente, pero los que son esclavos del pecado no tienen “libre albedrío.”

¡Sólo piénselo! El hombre, hecho a la imagen de Dios, Quien es bueno, escogería por voluntad propia lo que Dios no escogería, y así él se va a eterna destrucción. ¡Qué contradicción y tontería tan descarada!

¿Qué hace usted con las Escrituras que declaran que todos lo conocerán a Él, desde el más pequeño hasta el más grande, que la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren la mar, y que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor?

Sí, el mal existe, pero no sin un propósito bueno. Pablo les dijo a los Romanos: “Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.” (Romanos 8:20-21)

Solamente los santurrones creen que ellos sí lo escogerían a Él.

Está escrito que había una gran multitud en el Cielo que ningún hombre podía contar (Apocalipsis 7:9). Eso difícilmente suena como que el Cielo vaya a estar en su mayor parte vacío excepto por unos pocos santitos bienhechores o bien-escogedores mientras que todo el resto de la creación quedan empacados en el Lago de Fuego y arden para siempre.

También está escrito que ningún hombre puede confesar que Jesús es Señor si no es por Su Espíritu (1 Corintios 12:3), pero que toda persona confesará que Jesús es Señor (Romanos 14:11). ¿Cómo pueden los hombres recibir y manifestar Su Espíritu de Vida si están encerrados en el infierno para siempre?

Son solamente los santurrones quienes creen que ellos sí lo escogerían a Él mientras que la mayoría lo rechaza. Su propio pueblo lo rechazó. Aquellos a quienes Él escogió lo rechazaron. Ahora, quienes no lo escogieron a Él lo recibieron:

“E Isaías dice resueltamente: Fui hallado de los que no Me buscaban; Me manifesté a los que no preguntaban por Mí.” (Romanos 10:20 RVR)

Y ¿Por qué lo recibieron? ¿Porque había algo bueno en ellos? No; “No por obras de justicia que hayamos hecho, sino de acuerdo a Su misericordia nos salvó Él….” (Tito 3:5 RVR)

El propósito del mal es corregir y disciplinar a los que fueron creados a Su imagen.

Pero Su elección no es lo suficientemente buena para los que dicen haber escogido a Cristo. “Como tú rechazaste Su voluntad,” dicen ellos, “ahora tú tienes que hacer Su voluntad por tu cuenta. ¡Dios no tiene nada que ver con eso! Fuiste tú que iniciaste el mal, y ahora tú tienes que iniciar el bien.”

Si Dios no creó el mal, entonces el mal es inexplicable. Pero si Dios es soberano, como lo declaran las Escrituras, y Él lo es, entonces, Él sí creó el mal porque Él tiene un propósito con eso. El propósito del mal es corregir, dirigir, castigar, enseñar y disciplinar a los que fueron creados a Su imagen. “Aunque siendo Hijo, Él aprendió la obediencia por las cosas que padeció.” (Hebreos 5:8 RVR)

Cuando hacemos una construcción, cortamos tablas y piedras; clavamos en la madera, taladramos; martillamos, golpeamos, cincelamos, escavamos y hacemos desorden. Es parte del todo, junto con las uniones, socados, levantamientos, rellenos, coordinación y unificación. Los diamantes se cortan, para ser formados en algo de valor; el oro se refina en el fuego. Primero es la noche, luego el día; primero el dolor, luego el gozo; primero el cincelado y el corte y el martillado, luego la combinación y la colocación, para un fin, un resultado deseado.

Todo puede ser muy simple. Debemos recibir el Reino de Dios como niños. Piense en los Evangelios, en el Sermón del Monte; ¡todo está allí! Jesús se refirió a todas las cosas en la misma manera: Dios reina sobre todo, es el Iniciador de todo, el Ingeniero de todo, el Amo de todo. ¡Allí está todo! Él estaba diciendo: “El Padre está aquí, en todas las cosas, hombres de poca fe (de poca visión y entendimiento y conocimiento).” Si ustedes conocieran y creyeran la Verdad, ¿de qué habrían de preocuparse? “Ustedes de poca fe” – ustedes no lo perciben a Él aquí y ahora.

Él terminará el trabajo, y el mal habrá cumplido su propósito.

¿Qué es la fe? Es el conocimiento de Dios y de Sus caminos, saber que Él está sobre todas las cosas, las buenas y las malas, y confiar en Él en todas las cosas. Sin embargo, aun el apóstol Pablo mismo temía y desmayaba a veces. Somos probados, enjuiciados, nuestros sentidos del “Árbol del Conocimiento” nos dicen que las cosas son diferentes de lo que en realidad son. Somos purgados, fortalecidos, y cambiados a Su imagen poco a poco.

El bien y el mal empezaron en el Jardín del Edén donde Dios empezó a crear al hombre a Su propia imagen. Él terminará el trabajo, y el mal habrá cumplido su propósito. ¡Gloria a Dios! ¿No es maravilloso saber que el mal que nos acontece, y que está presente con nosotros (“Suficiente con el mal de cada día,” dijo Jesús), tiene un buen propósito?

De los que viven en constante temor del mal y piensan que el 95% de la creación originalmente buena perecerá, está escrito:

“Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corruptos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.” (Tito 1:15-16)

De aquellos a quienes se les ha dado la gracia de conocer al Único Dios Verdadero, el Creador y Sustentador de todas las cosas, y Sus caminos, está escrito:

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados.” (Romanos 8:28).

Nosotros también sabemos cuál es ese propósito, en el cual por ahora el mal juega su papel: Las Escrituras declaran que, en la completación de los tiempos, Dios redimirá a todos los hombres, incluyendo a los que están contaminados y que son incrédulos, quienes lo niegan a Él y son abominables, desobedientes y reprobados en toda buena obra. Después de todo, Jesucristo vino a salvar a los pecadores, no a los justos.

“Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque Yo seré propicio a sus injusticias; y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.” (Hebreos 8:11-12 RVG)

Víctor Hafichuk

Traducido al español por Edwin Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero

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Authors: Victor Hafichuk & Paul Cohen

 

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