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La Obediencia
Hay una gran maldición en el cristianismo nominal – entre
las personas que invocan el Nombre de Jesucristo. Esa maldición
es simple y sencillamente la OBEDIENCIA. No debería ser así.
Todo aquel que invoca Su Nombre debería estar diciendo tanto con
sus labios como con su corazón, “Me deleito en hacer Tu
voluntad, oh Señor, mi Dios.” La obediencia debería
ser una bendición y no una maldición.
¿Por qué digo que la obediencia es una maldición?
Porque muchos que profesan creer en Él desprecian la obediencia.
Ellos aborrecen Su ley y lo aborrecen a Él. No es simplemente
como un mono sobre sus espaldas sino King Kong mismo. ¿Cómo
lo sé? Porque cuando yo hablo de genuina obediencia al Señor,
me aborrecen y la agarran contra mí por eso. Ellos suponen que
la religión con todas sus actividades y costumbres es obediencia
y si yo digo que es otra cosa, ellos crujen sus dientes y escarnecen.
“Este pueblo se acerca a mí con su boca, y de labios me
honra, pero su corazón lejos está de mí. Pero en
vano me honran; enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.” (Mateo
15:8-9 RVG)
A menos que ustedes obedezcan a Dios, sus palabras
y canciones de alabanza son como insultos. |
Hubo un tiempo en que yo miraba ciertas ciudades como particularmente
religiosas al considerar cuántas iglesias tenían. Parece
como que la adoración a Jesucristo es una pandemia en Norte América.
Encienda la televisión o la radio y usted será expuesto
a horas de programación y predicación religiosa. Abra su
periódico en la sección religiosa, y usted encontrará montones
de anuncios invitando a servicios y actividades religiosas. No hay carencia
de reuniones religiosas o de estudios Bíblicos.
Sin embargo, yo echo una segunda mirada y por todas partes veo iniquidad
y corrupción. Veo perversión a diestra y a siniestra, delante
de mí y detrás de mí. La tierra está llena
de vileza. El orgullo está regado por todas partes. La codicia
es una enfermedad contagiosa que se pasa con una simple mirada o pensamiento.
Echo una tercera mirada y veo que los que se dicen ser cristianos no
son menos culpables que los que no hacen ninguna profesión de
fe. No queda nada más que ‘show’ y farsa. Si hay un
pecado que el Señor condena, es la hipocresía. Por lo tanto,
los que se dicen ser cristianos son más culpables.
“¿Por qué ustedes me llaman Señor, Señor,
y no hacen lo que Yo digo?” (Lucas 6:46 NBLH)
Aparten sus rostros de los mundanos, “cristianos.” Después
de todo, ustedes van al Cielo, y ellos no, ¿verdad? Sabandijas
santurronas, ¿creen ustedes que serán pilares en el Templo
de Dios? Yo les digo, tendrán suerte si llegan a ser el tapete
de bienvenida en el infierno, y aun ahora ya están sirviendo de
custodios de las puertas del hades. Ustedes invitan a los ciegos y a
los ignorantes a entrar, y una vez que los tienen, se rehúsan
a dejarlos salir.
Vayan a sus iglesias, tangan sus cultos de adoración, canten
y griten alabanzas a Dios y cuénteles a otros acerca del gozo
de Cristo, agregando así otra garantía para la supuesta
entrada de ustedes al cielo. Si son tan generosos como para soltar uno
de sus dioses, es decir el dinero, denlo a su iglesia, hasta que no les
quede nada, sólo para demostrar su fe y fidelidad.
Pero yo les
tengo noticias a ustedes. A menos que obedezcan a Dios, su dinero es
como un sacrificio de trapos menstruosos en Su altar; sus palabras
y canciones de alabanza son como vehementes insultos; su predicación
es como amargos chismes y calumnias; sus brazos alzados y manos extendidas
son como mostrar los puños en enojo listos para despedazar a
su Creador, lo cual ustedes hacen en todos sus caminos. Los cultos
que ustedes
hacen son como viles orgías. Los edificios donde ustedes adoran
son casas de mala reputación, llenas de rameras y apostadores – rameras
porque ustedes prostituyen todo lo bueno, apostadores porque ustedes
suponen que al invertir en espectáculos ocasionales de reverencia,
ganarán mucho más.
En realidad ustedes atesoran para sí mismos
un juicio severo para el día final.
Lo que Dios quiere es obediencia y realidad. |
Ese día ha llegado; ya está aquí. Ustedes ya no
pueden escapar. Ya no pueden esconderse; lo que han ocultado ahora quedará expuesto.
Aunque han tenido éxito en engañar a su prójimo
y a ustedes mismos, ahora les toca a ustedes un rudo despertar para que
se den cuenta que no han engañado a Dios. Él no tolerará más.
Dios no está interesado en sus obras. Él no está interesado
en sus lágrimas. Él aborrece sus sacrificios, sus incoherencias
religiosas verbales, sus sonrisas y demostraciones de amistad para otros. Él
repudia su membrecía y asistencia a la iglesia, su memorización
de versículos, sus esfuerzos por evangelizar para salvar al mundo. Él
aborrece eso. Lo que Él quiere es obediencia y realidad.
“¿Tiene el Señor tanto contentamiento con los holocaustos
y víctimas, como en obedecer a las palabras del Señor?
Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención
que la grosura de los carneros: Porque la rebeldía es como el
pecado de adivinación, y como iniquidad e idolatría la
obstinación....” (1
Samuel 15:22-23)
Sepan esto, ustedes que dicen que aman a Jesús, ustedes que dicen
que son nacidos de nuevo, ustedes que dicen ser bautizados en el Espíritu
Santo, ser capaces de profetizar, de hablar en lenguas, de hacer grandes
cosas para la gloria de Dios:
“No todo el que me dice Señor, Señor, entrará al
Reino de los Cielos, sino aquel que haga la voluntad de Mi Padre.” (Mateo
7:21 RVG)
“¿Obediencia a qué? ¿Cuál es Su voluntad?” preguntarán
ustedes. Una pregunta importante. Pregunten, deseando saberlo genuinamente,
y lo sabrán. El Señor quiere que ustedes lo sepan, y Él
me ha enviado a decírselo a ustedes.
Las leyes de naturaleza física
y mental deben obedecerse, no ignorarse. |
Hay tres niveles de obediencia:
1) Usted debe poner
atención al sentido común en los asuntos
cotidianos.
Aunque en la Biblia se cubren muchos asuntos de manera específica,
no dice una palabra sobre fumar, por ejemplo. Si un hombre no puede razonablemente
concluir que fumar es dañino y por lo tanto malo, no tiene esperanza.
Ese hombre es necio y debe dejarse en su destructiva elección.
(No estoy hablando de alguien que quiera dejar de fumar pero que no puede,
sino de quien piensa que no hay ningún problema con fumar.)
Los principios de sentido común son leyes de Dios, aun los mismos
Diez Mandamientos. ¿Cómo? Sigamos con el tema de fumar
y veamos:
Fumar lo mata a usted y a todos los que respiran el humo que
usted fuma. Usted es culpable de romper el mandamiento que dice, “No
matarás.” Al causar enfermedad pulmonar, enfermedad del
corazón y cáncer en usted mismo y en otros, usted crea
más impuestos para los contribuyentes, para sus vecinos y para
todos en la sociedad. Usted es, por lo tanto, culpable del mandamiento
que dice, “No robarás.” También rompe la
ley que dice, “Honra a tu padre y a tu madre.” Después
de todo, ¿quieren ellos que usted muera? ¿Cree usted
que ellos disfrutan verlo a usted sufrir y quizás precederles
a ellos? De hecho, el fumador rompe cada uno de los Diez Mandamientos.
La persona
que dice, “Es asunto mío si quiero fumar,” es un
tonto condenado.
Las leyes de naturaleza física y mental deben obedecerse,
no ignorarse.
2) Usted debe obedecer
los mandamientos explícitos de las Escrituras.
Si usted no sabe cuáles son, averígüelas por su vida.
No hay tanta dicha en la ignorancia como dicen. Sin ese conocimiento
usted está muerto.
Por ejemplo, ¿se da cuenta usted de
que si aborrece a su prójimo, usted es un homicida y es tan culpable
a los ojos de Dios como cualquier sentenciado a muerte a quien usted
conozca? ¿Se da cuenta usted de que si usted es casado y desea
a otra mujer, usted es culpable de adulterio? ¿O si usted no es
casado y desea a una mujer, usted es culpable de adulterio si ella es
casada o de fornicación si es soltera?
¿Cree usted que
escapará de las consecuencias de tales pecados porque no se han
manifestado externamente, o porque un hombre no lo ha confrontado o convencido
a usted de esos pecados? Conozco a personas que han recibido la pena
de muerte o quienes están en un proceso de muerte por sus asesinatos
secretos, pues sus pecados no son secretos para Dios y Él es el
Juez Quien juzga todo pecado. ¿Cree usted que la gente no sufre
de cáncer o del corazón por estar llenos de amargura o
de odio?
¿Cómo es que usted continúa
en sus pecados como si Él no existiera? |
“¿Dónde está la justicia?” se preguntará usted
con enojo cuando ve que un asesino sólo recibe tres años
de cárcel o que sale totalmente libre. ¿Cree usted que
alguien se escapa? Nadie se escapa… nunca.
Aunque las leyes de
los hombres no cubran pecados mentales o del corazón, las leyes
de Dios sí lo hacen. Usted dice que usted cree en Dios, pero ¿De
verdad? ¿Cree que Él lo va a juzgar a usted de acuerdo
a Su Ley, la cual es mucho más exigente que la del hombre, y que Él
le pedirá cuentas a usted aun del pensamiento o de la idea de
romper Sus Leyes? Si usted cree en Dios, ¿Cómo es que usted
continúa en sus pecados como si Él no existiera?
Está escrito:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues
todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gálatas
6:7 RVG)
Algunos dicen que la Biblia es un gran libro. Yo les digo que es más
que un gran libro. Habla la verdad; si habla la verdad, ¿por qué usted
no la lee y le cree y hace lo que Ella le dice que haga? ¿No se
le ha ocurrido a usted que si no lo hace, las maldiciones por ignorancia
y desobediencia que Ella pronuncia seguramente caerán sobre usted?
Algunos dicen que Jesús es el Hijo de Dios. Aun si a Él
sólo se le reconociera como a un hombre sabio y un gran maestro
o profeta, la gente debería poner atención a lo que Él
dice. Los sabios o los profetas de Dios no son ni tontos ni engañadores.
Los maestros no son grandes maestros si no saben de qué están
hablando. Pero Él es el Hijo de Dios, y lo que Él dice
es así. Sobre los mandamientos de las Escrituras, Él dijo:
“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas;
no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo
que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de
la ley, hasta que todo sea cumplido. De manera que cualquiera que quebrantare
uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare
a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de
los cielos; mas cualquiera que los hiciere y enseñare, éste
será llamado grande en el reino de los cielos.” (Mateo 5:17-19
RVG)
El Señor conoce sus corazones y sus ídolos. |
Estas dos áreas de obediencia discutidas anteriormente (el sentido
común y los mandamientos en las Escrituras), aunque necesarias
y buenas, no son suficientes para ser salvo, “porque ningún
hombre será justificado por las obras de la ley.” Esto nos
lleva a la crucial tercera área de obediencia:
3) Usted debe obedecer
a Dios por fe.
Él tiene ciertos requisitos
personales para cada persona que Él llama. Estos requisitos
no están específicamente detallados en la Ley de Dios
pero están incorporados en ella. Por ejemplo, el Señor
nos ordenó a
mi esposa y a mí que nos mudáramos a Lethbridge. Vinimos
aquí por fe, obedeciendo a Dios.
¿Cómo está esto
incorporado en la Ley de Dios? Está escrito que debemos amar al
Señor con todo lo que somos, no teniendo otros dioses delante
de Él. Si yo hubiera decidido no venir a Lethbridge, contrario
al mandato de Dios, habría sido solamente porque yo hubiera tenido
otra preferencia y por lo tanto que no lo amaba con todo mi corazón,
alma, mente y fuerzas.
Otra preferencia es un Dios delante de Él. Eso puede ser cualquier
cosa buena o mala en sí misma, tales como la esposa o el esposo,
un hijo o hijos, una madre o padre, un empleo, un pasatiempo o deporte,
seguridad, comodidades, actividades recreativas, astucia, belleza, educación,
estatus, poder, dinero, amigos, salud, fama o reconocimiento, comida,
televisión, cualquier posesión -grande o pequeña,
estrellas de cine, algún deseo o vicio.
Los cristianos tienen
muchos dioses aparte de los dioses comunes del mundo, tales como la
iglesia, los tiempos de oración, la Biblia, los cultos de adoración,
pastores, rebaños (congregaciones), justicia propia, y aceptación
por la familia de la iglesia.
Sus Leyes y directrices personales siempre
son para nuestro bien. |
Este tercer punto de obediencia es crucial porque es el área
de la fe. “Sin fe es imposible agradar a Dios,” y “por
fe somos salvos.” Crucial porque aquí es donde está la
cruz y la muerte suya. El Señor conoce sus corazones y sus ídolos; Él
conoce, por lo tanto, sus necesidades, y Él da mandamientos personales
para llenar esas necesidades. Al obedecer, usted es salvo. Al desobedecer,
usted pierde. Aquí es donde las cosas empiezan a caminar.
Una vez conocí a un hombre que era muy apegado a su perro. La
Policía Montada Real de Canadá, me dijo él, había
hecho un arreglo con él para comprarle el perro, porque el perro
se miraba muy prometedor. Cuando se llegó la hora de entregar
al perro, no pudo hacerlo. Yo recibí del Señor que él
tenía que entregar al perro en obediencia al Señor, y se
lo dije. Él se fue condenándome que yo era un predicador
de atadura.
Dios le pidió a Abraham que entregara (aun que matara)
a su único hijo; Jesús le pidió al joven rico que
entregara su gran riqueza; yo le pedí a este hombre que entregara
su perro. Si yo soy un predicador de atadura, entonces ¿qué es
Jesús sino el Tirano de tiranos? Este hombre era esclavo de su
perro, el Señor quería libertarlo de su atadura, ¡y Él
fue acusado de imponer atadura! Así que el hombre sigue en sus
cadenas hasta la fecha, sea que el hombre aún tenga al perro o
no.
Para este hombre su perro es un dios. Los
idólatras
sólo
pueden esperar el lago de fuego (Apocalipsis 21:8).
Todas las buenas obras y acciones no compensarán por la adoración
a otros dioses. Él no aceptará sustitutos; esos no resolverán
el problema. Dios no es falto de sabiduría ni actúa sin
propósito al escoger el punto de obediencia para cada persona.
Si mi jefe me pide que me ponga lentes de protección porque estaré trabajando
en una cantera, ¿de qué me serviría ponerme guantes
en las manos en vez de eso? ¿Se salvarán con eso mis ojos?
Pueblo, Sus leyes y directrices personales son siempre para nuestro
bien; son para ayudarnos y no para estorbarnos o cargarnos. Él
no es un dictador egoísta; Él busca lo mejor para nosotros. ¿Por
qué no habríamos de obedecer y vivir?
Sólo hay una manera de obedecerle de corazón y esa
es haciendo lo que Él pide. |
Esta tercera área de obediencia es la más difícil.
A veces parecerá que los mandamientos de Dios podrían contradecir
lo que parecer ser bueno, razonable, lógico, correcto o verdadero.
Usted deberá saber que lo que ha recibido es del Señor
y no simplemente su propia imaginación o la de alguien más.
Pero Él sí pide cosas extrañas y cosas que parecen
contradecirlo aun a Él Mismo. Seguramente Abraham tuvo ese problema
cuando a él se le pidió que ofreciera a Isaac como sacrificio,
lo cual sólo los paganos hacían; antes del tiempo de Abraham
estaba escrito, “Quien quiera que derramare la sangre de un hombre,
por un hombre será derramada su sangre…” (Génesis
9:6). Sin embargo, Abraham sabía que Dios le había hablado,
y él obedeció.
Alguien preguntó si Dios estaría satisfecho si le obedecemos
en nuestros corazones. En otras palabras, “El pensamiento es lo
que cuenta.” En verdad, la obediencia debe venir del corazón,
pero esa obediencia se manifestará en lo que hagamos. Sólo
hay una manera en que podemos obedecerle a Él en el corazón
y esa es haciendo lo que Él pide. Le fe sin obras es muerta igual
que lo es el cuerpo sin el aliento. Él produce en nosotros el
querer como el hacer por Su buena voluntad; nosotros debemos actuar.
Aunque a Abraham se le pidió algo que claramente contradecía
las Leyes de Dios, a nosotros se nos puede pedir algo que sólo
parezca contradictorio, tal como salirse de la iglesia de uno. “¿Cómo
puede ser eso?” se preguntaría uno. “¿No
quiere Dios que vayamos a Su Iglesia?” pero yo pregunto, “¿Cuál
es Su Iglesia?” ¿Cómo es que uno ‘va a la
iglesia’?” En la Biblia no existe tal cosa como ir a la
iglesia.
¿Sabe usted si la organización a cuyas reuniones y servicios
usted asiste es la Iglesia de Dios, o sólo es que a usted se lo
han dicho los que asisten allí? ¿Recibió usted ese
conocimiento por revelación del Señor, o usted sólo
está asumiendo que son Iglesia de Dios porque dicen ser cristianos,
le llaman iglesia a su grupo, tienen un pastor o líder, tienen
cultos regulares, cantan himnos y alabanzas, oran, leen y predican la
Biblia y se comportan de manera amigable? Si es por estas cosas, usted
juzga según las apariencias externas, lo cual no es suficiente.
Los profetas fueron enviados por Dios a hablarles precisamente a estos
grupos, porque Su juicio sobre ellos era inminente; Él estaba
disgustado. Ellos lo rechazaban a Él y perseguían a Sus
profetas. Si usted se asocia con los tales, usted es tan responsable
por apedrear a los profetas y por crucificar a Cristo como lo fueron
quienes lo hicieron personalmente. Créalo; esto es verdad.
“Hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero su final
es de muerte.” (Proverbios 14:12 RVG)
Es tiempo de examinarlo todo si usted quiere caminar con Dios.
Dios no pasa por alto lo que sea necesario
en cualquier tiempo. |
El Señor dice que la desobediencia es rebelión, y la rebelión
es como hechicería. Por lo tanto, ustedes que desobedecen a Dios,
aunque digan amarle y servirle a Él, no pueden condenar a los
hechiceros y a los adoradores de Satanás, porque ustedes no son
mejores que ellos sino hasta peores; ustedes deberían saberlo.
Ustedes profesan creer en el Señor, mientras que ellos no, y ustedes
dicen creer que la Biblia fue dada e inspirada por Dios, mientras que
ellos no lo creen.
¿No dijo el Señor que Él prefería
que fueran fríos en vez de tibios? Me impresiona a mí que
las Escrituras declaren que los creyentes tibios serán vomitados
de la boca de Dios, pero ellos siguen adelante y miran de menos a su
izquierda y a su derecha (a los fríos y a los calientes), e ignoran
totalmente su propio estado. Tal es con seguridad parte de la condición
de ser tibio y la esencia de ello.
Ustedes siguen adelante en su mal llamado andar cristiano y se preguntan, “¿Dónde
está la paz, el gozo, el poder y la comunión con Dios?” ¿Por
qué mis asuntos son un desastre? ¿Por qué Él
no oye mis oraciones? ¿Por qué no escucho yo Su voz?” La
respuesta es que ustedes no hacen lo que se requiere de ustedes.
Si ustedes
ignoran la primera área de la obediencia, ¿Por qué habría Él
de hablarles de la segunda área? Si ustedes desobedecen la segunda, ¿Por
qué habría Él de darse a conocer a ustedes personalmente
dándoles mandamientos que los llevarán más alto
a ustedes? Dios no es un tonto, Él no es un mendigo y Él
no pasa por alto lo que sea necesario en cualquier tiempo. Primero es
lo primero. En Hechos 10, vemos que Cornelio era un hombre devoto antes
que fuese salvo, y fue oído por Dios porque él era temeroso
de Dios, lo cual es sólo otra manera de decir que él respetaba
mucho lo que Dios decía y requería.
Hay quienes creen o pretenden que tienen la bendición de Dios.
Ellos dicen tener paz y gozo ya sea porque saben que se supone que deberían
tener eso y hacen lo mejor por demostrarlo, o porque han sido seducidos
por espíritus que les provocan sentimientos maravillosos. Hay
algo repugnante que se ha esparcido en todo el mundo: La gente siente
toda clase de éxtasis creyendo que son de Dios; ¡y trate
usted de hablar con ellos! Uno bien puede estar hablando con el mismo
diablo. No sólo lo ignorarán o estarán en desacuerdo
con usted, sino que a veces se pondrán violentos. Si yo los presiono
un poquito, encuentro que no tienen fundamento, ni sustancia, ni conocimiento
de Dios o de las Escrituras, pero “¡se sienten realmente
súper bien!” Ellos sospechan que los que hablan la verdad
son los que están engañados y que son hasta anti-Cristos
por hablar contra algo “tan bueno y obviamente de Dios.”
Si usted obedece, su sangre
correrá. |
Clame al Señor con corazón sincero y no simplemente de
labios. Si usted clama a Él, prepárese para hacer lo que
sea que Él requiera de usted. Si usted no tiene un corazón
veraz, pídaselo a Él. Esa es una oración que no
quedará sin respuesta.
¿Verdaderamente quiere usted hacer la voluntad de Dios? ¿Quiere
usted conocerlo y oír de Él en todos los asuntos de su
vida? ¿Quiere usted que Dios se dé a conocer a usted? Así es
como funciona (Dios mediante):
“El que tiene Mis mandamientos, y
los guarda, éste es el
que Me ama; y el que Me
ama, será amado
por Mi Padre, y yo le amaré, y Me
manifestaré a él.” (Juan
14:21 RVG)
Sus mandamientos son las instrucciones personales para usted. Esas son
las más difíciles de obedecer. Estas requieren su corazón,
su vida. ¿Recuerda al joven rico? Él guardaba toda la Ley
desde su juventud, decía él. Luego vino lo que se requería
de él personalmente:
“Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, ve, vende lo que
tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven
y sígueme.” (Mateo 19:21 RVG)
El hombre no tenía fe. Siendo que guardaba todos los mandamientos,
uno creería que sí la tenía. Sin embargo, se necesita
poca o nada de fe para guardar la Ley.
La Ley dice, “Honra a tu
padre y a tu madre.” Pero ¿qué va a hacer usted
cuando Cristo le diga, “Deja a tu padre y a tu madre,” o, “Deja
que los muertos entierren a los muertos”? ¿Tendrá usted
fe? ¿Obedecerá usted?
El Señor pone su dedo en los
conflictos de su vida, y esos nunca serán fáciles para
usted. Si usted obedece, su sangre correrá. Dios no se compromete
con los de corazón a medias. Todos los que Él llama deben
venir a Su Hijo mediante la cruz. No hay otro camino. Dar su cuerpo para
ser quemado no es suficiente; Dios requiere obediencia y no sacrificio.
No satisfagan los deseos de su carne, especialmente
no en Mi Nombre. |
Pueblo Mío,
los que son llamados por Mi Nombre, salgan de en medio de los hacedores
de iniquidad, quienes aman la alabanza
de los
hombres. Salgan de en medio de los amadores de los placeres que buscan
sólo pasarla bien. Arrepiéntanse de sus pecados, apártense
de sus dioses, desháganse de toda su falsedad, busquen lo recto,
busquen el bien los unos de los otros y no sólo el bien propio.
Dejen de jugar sus juegos. Yo no estoy jugando.
Seguramente ustedes ya lo saben. No satisfagan los deseos de su carne,
especialmente no en Mi
Nombre. No amen al mundo, no hagan lo que les dé la gana, sino
busquen la santidad del corazón. Entonces serán ustedes Mis hijos e hijas, y Yo los recibiré y
seré un Padre para ustedes, para sostenerlos, para consolarlos,
para proveerles, para protegerlos de todo mal y para bendecirlos y guardarlos
siempre. Entonces conocerán la paz que andan buscando.
No dejen que Mi ira se derrame sobre ustedes.
Apártense de entre
los que toman Mi Nombre en vano, que enseñan doctrinas de demonios,
engañándose a sí mismos y a otros, y destruyéndose
a sí mismos mientras están engañados pensando que
Me sirven y Me honran.
Miren a su alrededor. Yo no he traído
la muerte, la enfermedad, el divorcio o los problemas financieros
de puro
gusto. No he traído eso como pruebas, para probarlos a ustedes
o a quienes les rodean. Lo he traído a causa de sus pecados
y a causa de las compañías que ustedes mantienen.
Arrepiéntanse,
y Yo los perdonaré. Salgan de allí, y Yo los sanaré,
los limpiaré y los libertaré. Escojan la vida y no los
placeres, y Yo les daré placer eterno. Así dice el Señor.
Obedézcale a Él por fe en cualquier
cosa que Él requiera de usted, y usted será libre. |
CONCLUSIÓN
Hay tres áreas de obediencia:
1) Asunto de sentido común.
Haga lo correcto, absténgase de lo malo.
2) Guarde la Ley.
La Ley nunca fue desechada. (Si me equivoco, haga usted todas las cosas
que su carne desee. No hay problema porque si la Ley ya no está en
vigencia, no hay más castigo.)
3) Sepa qué es lo que Dios requiere de usted personalmente,
y obedezca a todo costo.
Entonces usted recibirá la recompensa del Cielo, y Jesucristo
se manifestará a usted. Usted conocerá la verdad y la verdad
le hará libre. ¿ES USTED LIBRE?
Las primeras dos áreas de obediencia le beneficiarán a
usted grandemente, pero esas no le harán libre. Usted debe creer
en el Señor Jesucristo para ser libre. Obedézcale a Él
por fe en cualquier cosa que Él requiera de usted, y usted será libre.
No escuche a sus compañeros religiosos ni a los líderes
de sus iglesias organizadas. Si ellos fueran siervos de Dios para bien
suyo, ellos no estarían allí. No se entretenga con carne
ni sangre. Usted debe estar preparado para salir, como lo hizo Abraham,
si es necesario usted solo, y casi siempre es así.
“Fiel es Aquél que los llama, el cual también lo
hará.” (1 Tesalonicenses 5:24 NBLH)
Víctor Hafichuk
Traducido al español por Edwin
Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero
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