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¿Podía Haber Pecado Jesucristo?


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Un gran punto de debate a lo largo de los últimos dos milenios desde que Jesucristo vino en carne es la pregunta de si Él podía haber pecado o no. Es comprensible que los que no creen en Su Divinidad quieran debatir ese punto, apoyando el argumento de que Él sí podía pecar. Si Él no es Dios, entonces, ¿por qué no sería posible que Él pudiera pecar? Incluso los ángeles pecan, como lo escriben Judas y Pedro:

“Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que dejaron su propia habitación, los ha reservado bajo oscuridad en cadenas eternas para el juicio del gran día.” (Judas 1:6 RVG)

“Porque Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al infierno y los entregó a fosos de tinieblas, reservados para juicio.” (2 Pedro 2:4 NBLH)

Jesús nunca estuvo bajo el poder del pecado, así que la tentación no Le afectó.

Uno de los argumentos de aquellos que creen que Jesús podía haber pecado, además de la premisa de que Él no era Dios, es que no habría habido ningún punto en la tentación si no era posible que Él pecara. Si no era posible, todo el ejercicio de que Él fuese tentado, dicen ellos, fue una farsa o una estafa. Se refieren a esta Escritura:

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino Uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15 LBLA)

Ese argumento no es razonable y puede ser contrarrestado por muchos ejemplos que experimentamos todos los días en el reino natural. Si estoy metido en el agua durante horas y horas, sin medios artificiales para contrarrestar mis circunstancias, voy a ahogarme. Coloque a un pez en las mismas circunstancias, y le va bien. Es una cuestión de diferencia de naturalezas.

En el punto de la tentación, alguien puede tratar de tentarme a mí con un cigarrillo y no me perturba, mientras que alguien que haya estado bajo su poder recientemente tendría lucha, si no es que sucumbiría aunque quisiera no hacerlo. Jesucristo, testifican las Escrituras, fue sin pecado. Él nunca estuvo bajo el poder del pecado, así que la tentación no Le afectaba, como sí lo haría un cigarrillo con un fumador adicto o recientemente adicto. Un cerdo se vería tentado a rodar en un lodazal a su disposición, mientras que una oveja se alejaría del mismo. Los perros podrán querer nadar mientras que los gatos no, aunque el agua esté allí para ambos.
 

Aunque Jesucristo fue tentado, Él no podía pecar.

EL hecho de que el papel tornasol se utilice para hacer pruebas no implica que la sustancia probada dé ciertos resultados. Así es con Jesucristo al ser tentado por el pecado. Todos los hombres son pecadores; aunque Jesús fue hecho a semejanza de los hombres y en la condición de hombre (Filipenses 2:5-8), Jesús no era un simple hombre. Aunque Jesucristo fue tentado, Él no podía pecar. Su naturaleza era tal que la tentación no tenía ningún atractivo para Él. Pecar no estaba en Jesucristo más de lo que está en un gato ir a nadar o en una oveja ir revolcarse en el barro. Él es el Santo de Dios. Incluso los demonios lo sabían:

“Estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, diciendo: ‘Déjanos; ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco Quién eres, el Santo de Dios.’” (Lucas 4:33-34 RVR)

Él es el Único Sin Pecado:

“En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, Que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.” (Tito 1:2 RVR) 

Y: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1 Juan 3:9 RVR)

Dios y los nacidos de Dios no pueden mentir; no pueden pecar.

Él demostró que Su Naturaleza Divina era muy diferente a la naturaleza humana. <

p>Jesús demostró que Él era Dios en la carne no sólo levantándose a Sí Mismo de entre los muertos. También demostró que era Dios al no pecar, aunque fue tentado como son tentados los hombres, quienes sucumben. Él demostró que Su Naturaleza Divina era muy diferente a la naturaleza humana. Pasó la prueba de fuego como nuestra único Salvador confiable, Dios Todopoderoso. Santiago declara:

“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Santiago 1:13-15 RVR)

La conclusión de que uno es potencialmente vulnerable a la tentación surge de la suposición de que el deseo siempre está despierto en la persona tentada. Esta es una suposición falsa. Cuando se utiliza la palabra “tentación,” las Escrituras no transmiten la idea de que uno esté persuadido de hacer el mal, sino sólo de que el mal se le presenta a uno. Un hombre o una mujer pueden enfrentarse, y se enfrentarán, con la oportunidad de comer lo que no conviene o de robar o mentir, y pueden ser seducidos o persuadidos a sucumbir a causa de su naturaleza pecaminosa. Jesucristo no sucumbió. Él dijo por qué:

“No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en Mí.” (Juan 14:30 RVR)

Todo estaría perdido si, siendo el único Salvador potencial, Él hubiese fallado.

Una persona que dice que Jesús podría haber pecado está declarando abiertamente que él o ella desprecia al Señor Jesucristo, Su naturaleza y Su poder de Dios para perdonar y para vencer el pecado. Considere dónde estaríamos si Jesucristo hubiera pecado. Estaríamos sin la única esperanza que las Escrituras enseñan que tenemos. Todo estaría perdido si, siendo el único Salvador potencial, Él hubiese fallado.

¿Cómo podríamos estar plenamente justificados al poner nuestra confianza en Él si era posible que Él nos defraudara? Por necesidad lógica y razonable, siempre estaría esa duda persistente en el pecho de cada hombre. No habría ninguna posibilidad de una absoluta e inmutable esperanza. ¡Qué lamentable desastre sería ese! Pero estoy agradecido de que podemos estar absolutamente seguros. 

“Antes que Abraham fuese, YO SOY,” dijo Jesús. “Destruid este templo y Yo lo levantaré,” declaró Él a Sus detractores con absoluta convicción y autoridad. Él dijo lo que Él quería decir y quiso decir lo que Él dijo. ¿Cómo podía Él estar tan seguro si había la más mínima posibilidad de fracaso?

Jesús no estaba practicando el poder del pensamiento positivo, como lo declaran los falsos maestros como Robert Schuller y su hijo, como si Él podía fallar si no practicaba una actitud mental adecuada en la medida adecuada, cada segundo del tiempo. Dios no permita que nosotros pongamos nuestra confianza en cosas como la fragilidad y el “impotencial” del hombre caído, o incluso del hombre no caído, como Adán, que cayó cuando llegó la tentación. Jesucristo, a diferencia del primer Adán y su descendencia, era y es Dios Todopoderoso, el Único que determina lo que Él quiere y hace lo que a Él le agrada. De Él se declara:

“Y este es el mensaje que hemos oído de Él, y os anunciamos: Dios es luz, y en Él no hay tiniebla alguna” (1 Juan 1:5 LBLA).

La verdadera seguridad sólo puede existir con lo que es absolutamente a prueba de fallas.

Jesucristo fue la Manifestación, la Representación, la Sustancia Encarnada de la Ley de Dios. De dicha Ley las Escrituras declaran:

“Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿a Quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Yo soy el Hijo de Dios?” (Juan 10: 35-36 RVG)

“La Ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma; el testimonio del SEÑOR es seguro, que hace sabio al sencillo” (Salmos 19: 7 GNB).

Jesucristo es la Ley:

“Porque Cristo es el fin de la Ley para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:4 LBLA).

¿Cómo podrá la Ley de Dios fallar o implosionar en sí misma? No puede. La ley del Señor es perfecta, sin debilidad o vulnerabilidad. Está escrito:

“Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes…” (Apocalipsis 17:14) 

“Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a Mi diestra, hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies” (Salmos 110:1 RVR).

Estas declaraciones expresan perfecta seguridad. La verdadera seguridad sólo puede existir con lo que es absolutamente a prueba de fallas.

Que Jesús podía haber pecado es ciertamente la opinión de aquellos que no creen, o no han creído, en Él, que no Lo conocen por Quién es Él:

“Porque ellos, ignorando la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.” (Romanos 10:3 LBLA)

Juan dice:

“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.” (1 Juan 2:22)

Si Jesús no era Dios, Él podría haber pecado, porque nosotros creemos, y las Escrituras declaran, que sólo Dios es sin pecado. Si Jesús podía haber pecado, Él habría pecado, siendo que Él habría tenido una naturaleza pecadora (pecaminosa), y por lo tanto no se habría molestado en tratar de salvarnos. A Él no le habría importado – de eso es que se trata la naturaleza pecaminosa.

Los verdaderos creyentes creen en Dios nuestro Salvador, y no en un héroe.

Hay quienes Lo reconocen a Él como nuestro Salvador, y sin embargo, dicen que Él podía haber pecado, pero ¿de qué tipo de salvador están hablando? ¿Lo conocen como Él es? Me parece que ellos suponen que Él es un héroe, un hombre o una criatura aunque un poco menor que Dios, el cual es capaz de magníficos logros por sus propios méritos.

Tal no es el Salvador que tienen los verdaderos creyentes, o en el que creen. Nosotros creemos en Dios nuestro Salvador, y no en un héroe. Los que adoran a los héroes, lo hacen para mantener una esperanza o idea, aunque sea de la forma más leve, de que ellos mismos son de alguna manera capaces de tal logro, y sólo necesitan tener un excelente modelo a seguir, si es que de hecho consideran del todo necesario un  modelo. Ésta es una negación de la necesidad de la gracia de Dios; es una negación de la Divinidad de Jesucristo; y es una negación del hecho de que Jesucristo no podía haber pecado. Estas negaciones son  declaraciones expresas de la auto-justicia. Son un repudio manifiesto del Creador como necesario Salvador.

Los héroes están hechos para ser imitados. Si ellos pueden ser imitados o duplicados, entonces ellos no son del todo salvadores, pues aquellos que siguen el modelo de un héroe manifiestamente declaran que pueden salvarse a sí mismos. Es por eso que ellos deciden adorar a héroes. Los adoradores de héroes tácitamente declaran que son sus propios salvadores, negando así a Jesucristo como Él es realmente. Ellos adorarían, e incluso adoran, a Jesucristo como un héroe para poder escaparse de tener que reconocer y confesar que son pecadores y que sólo Él es el Señor y Salvador, sin ninguna ayuda de parte nuestra, pero a pesar de nuestra absoluta corrupción e impotencia.   

Otra Escritura mal interpretada y mal entendida para “probar” que Jesucristo era capaz de pecar es la siguiente:

“Al que no conoció pecado, por nosotros Lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2 Corintios 5:21 RVR)

Pero la adecuada comprensión de este versículo se encuentra más fácilmente en otras versiones, sin contradecir ésta:

“Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios Lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios.” (2 Corintios 5:21 NVI)

Y:

“¿Cómo? Dices tú. En Cristo. Dios puso el mal en Aquél que nunca hizo nada malo, para que nosotros pudiéramos estar bien con Dios” (2 Corintios 5:21 – El Mensaje).

Él no pecó; Él se sacrificó como el antídoto para el pecado.

De hecho, Jesús era el Cordero que, en contra de Su voluntad y gusto, se metió en el lodazal  para rescatar a los embarrados y vencidos por el lodo y sin esperanza de escapar. Él fue el Gato que, en contra de Su propia voluntad, se zambulló en el agua, hasta ahogarse, para salvar a los que estaban ahogados. Antes del Gran Sacrificio de la historia de la humanidad, Él dijo, hablando de Su inminente muerte en la cruz por la voluntad de Su propio pueblo, a quienes Él vino a salvar con Su muerte:

“Padre, si quieres, pasa de Mí esta copa. Mas no se haga Mi voluntad, sino la Tuya.” (Lucas 22:42 RVR)

¿Y cuál era la voluntad del Padre? Isaías dice:

“Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento. Cuando Él se entregue a Sí Mismo como ofrenda de expiación, verá a Su descendencia, prolongará Sus días, y la voluntad del SEÑOR en Su mano prosperará.” (Isaías 53:10 LBLA)

De Él, Pablo escribe:

“Que haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, Quien, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí Mismo y tomó forma de siervo, y se hizo semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a Sí Mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:5-8 RVC)

Él no pecó, y Él no era capaz de hacerlo. Lo que Él sí hizo, sin embargo, fue sacrificarse a Sí Mismo como el antídoto para el pecado. En Su amor por el hombre, Él pagó el precio que debíamos nosotros, el cual nunca podríamos pagar. Así es como Él fue “hecho pecado.”

Para la prueba Bíblica innegable, de Quién es realmente Jesucristo, lea Jesucristo, Dios Todopoderoso.

Víctor Hafichuk

Traducido al español por Edwin Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero

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