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“El Arnés del Señor”
Esta fue la visión dada a Bill Britton:
YO VI LA CARROZA DEL REY
En un camino de tierra en medio de un extenso campo, estaba parada una
hermosa carroza, algo parecido a una diligencia pero con acabados de
oro y hermosamente labrada. Tiraban de ella seis grandes caballos castaños:
dos al frente, dos en medio, y dos atrás. Pero no se movían,
no estaban tirando de la carroza, y yo me preguntaba por qué.
Entonces vi al arriero debajo de la carroza, en el suelo, sobre su espalda,
justamente detrás de los talones de los dos últimos caballos.
Arreglaba algo que estaba entre las ruedas delanteras de la carroza.
Pensé, "pero si está en un lugar muy peligroso; pues
si uno de esos caballos pateara o diera un paso hacia atrás, podrían
matarlo, o si decidieran caminar hacia adelante, o se asustaran por alguna
razón, le pasarían la carroza justamente por encima de él".
Pero él no parecía tener miedo, puesto que sabía
que los caballos estaban disciplinados y no se moverían hasta
que él les diera la orden para hacerlo. Los caballos no movían
sus patas ni estaban inquietos, y a pesar de que tenían campanitas
amarradas en sus patas, no se oía ningún sonido. Tenían
pompones en sus arneses sobre sus cabezas, pero los pompones no se movían.
Estaban simplemente de pie en silencio y quietud, esperando la voz del
Maestro.
HABÍA DOS POTRILLOS EN EL CAMPO
Al ver a estos caballos con sus arneses, pude ver dos potrillos que
venían del campo y que se acercaron al carruaje como diciéndoles
a los caballos: "Vengan a jugar con nosotros, tenemos muchos juegos
interesantes, jugaremos a las carreras con ustedes, vengan a atraparnos." Y
después de esto los potrillos relincharon, movieron sus colas,
y salieron corriendo por el campo. Pero al voltear atrás y al
ver que los caballos no los seguían, se intrigaron. No sabían
nada de los arneses y no podían entender por qué los caballos
no querían jugar. Entonces les preguntaron: "¿Por
qué no corren con nosotros? ¿Están cansados? ¿Se
sienten muy débiles? ¿Acaso no tienen fuerzas para correr?
Ustedes están muy serios, necesitan más alegría
en sus vidas." Pero los caballos no contestaron una sola palabra,
ni movieron sus patas ni sacudieron sus cabezas. Sino que permanecieron
quietos y silenciosos, esperando la voz del Maestro.
De nuevo los potrillos les decían: "¿Por qué están
allí parados bajo el calor del sol? Vengan acá bajo la
sombra de este hermoso árbol. ¿Ven qué verde está el
pasto? Deben tener hambre, vengan y coman con nosotros, está muy
verde y rico. Ustedes se ven sedientos, vengan y beban de uno de nuestros
tantos arroyos de agua fresca y clara". Pero los caballos no contestaban
ni siquiera con una mirada, sino que permanecían quietos esperando
la orden para seguir adelante con el Rey.
POTRILLOS EN EL CORRAL DEL MAESTRO
De pronto la escena cambió y vi que unas sogas cayeron alrededor
del cuello de los dos potrillos y fueron llevados al corral del Maestro
para ser entrenados y disciplinados. Qué tristes se sintieron
al ver desaparecer los hermosos campos verdes, y fueron encerrados en
el corral con su tierra café y su alta cerca. Los potrillos corrían
de un lado de la cerca a otro, buscando libertad, pero se dieron cuenta
que estaban encerrados en este lugar para entrenamiento. Después
el Entrenador comenzó a trabajar con ellos con su látigo
y su freno. ¡Era la muerte para estos potrillos que se habían
acostumbrado a tal libertad! No podían comprender la razón
de esta tortura, de esta terrible disciplina. ¿Qué crimen
habían cometido ellos para merecer esto? Poco sabían de
la responsabilidad que sería de ellos cuando se hubieren sometido
a la disciplina y hubieren aprendido perfectamente a obedecer al Maestro
y hubieren terminado su entrenamiento. Lo único que ellos sabían
era que este proceso era la cosa más horrible que jamás
antes habían conocido.
SUJECIÓN Y REBELIÓN
Uno de los potrillos se rebeló durante el entrenamiento y dijo, "Esto
no es para mí. Me gusta mi libertad, mis montañas verdes,
mis arroyos de agua fresca. No soportaré más este encierro,
este terrible entrenamiento". Así que encontró una
salida y se brincó la cerca y corrió felizmente a sus pastos
verdes. Me sorprendió ver que el Maestro le permitiera irse, y
que no fuera detrás de él. Más bien Él concentró toda
su atención en el potrillo que se había quedado. Este potrillo
aunque tenía la misma oportunidad de escapar decidió someter
su propia voluntad y aprender los caminos del Maestro. El entrenamiento
cada vez fue más duro, pero él aprendía rápidamente
cada vez más y más a obedecer el más mínimo
deseo del Maestro y a responder incluso a la quietud de su voz.
Y vi que si no hubiera habido ningún entrenamiento, ni prueba,
tampoco hubiera habido sujeción ni rebelión por parte de
ninguno de los potrillos. Pues en el campo no se les daba la alternativa
de sujetarse o rebelarse. En su inocencia, estaban sin pecado. Pero cuando
fueron llevados al lugar del entrenamiento, la prueba y la disciplina,
entonces se hizo manifiesta la obediencia de uno y la rebelión
del otro. Y a pesar de que parecía más seguro no entrar
al lugar de la disciplina por el riesgo de ser encontrado rebelde, me
di cuenta de que sin esto, no podría haber comunión con
Su gloria, ni posición de Hijos.
EN EL ARNÉS
Finalmente este período de entrenamiento terminó. ¿Se
le recompensó ahora con su libertad siendo enviado a los campos?
Oh no. Sino que ahora se llevaba a cabo un encierro mayor, pues un arnés
fue colocado sobre sus hombros. Ahora se daba cuenta de que ni siquiera
había libertad de correr en el pequeño corral, pues con
el arnés se podía mover solamente en el momento y al lugar
donde el Maestro le indicara. Y a menos que el Maestro diera una orden, él
permanecía quieto.
La escena cambió y vi al otro potrillo parado en un lado de la
montaña, comiendo pasto. Entonces al otro lado de los campos,
por el camino venía la carroza del Rey tirada por seis caballos.
Con asombro vio que al frente, al lado derecho, estaba su hermano potrillo,
ahora fuerte y maduro, alimentado con buen trigo en el establo del Maestro.
Veía cómo se movían con el aire los hermosos adornos,
observó el arnés de su hermano que tenía los bordes
de oro brillante, y cómo se escuchaban las campanas en sus pies
-- y la envidia entró en su corazón.
Así que se quejó dentro de sí mismo: "¿Por
qué han honrado tanto a mi hermano, y a mí me han descuidado?
No han puesto campanillas en MIS patas, ni pompones en MÍ cabeza.
El Maestro no ME ha dado esa maravillosa responsabilidad de tirar de
su carroza, ni colocó sobre MÍ el arnés de oro. ¿Por
qué han escogido a mi hermano y no a mí?" Y a través
del Espíritu me fue dada la respuesta mientras yo observaba: "Porque
uno se sujetó a la voluntad y a la disciplina del Maestro y el
otro se rebeló, de allí que uno fue escogido y el otro
fue hecho a un lado".
HAMBRE EN LA TIERRA
Después vi una gran sequía que acabó con todo el
campo, y los pastos verdes se secaron, se tornaron cafés y quebradizos.
Los pequeños arroyos se secaron, dejaron de fluir, y sólo
había unos cuantos charcos lodosos aquí y allá.
Vi al pequeño potrillo (me sorprendió ver que nunca crecía
ni maduraba) que corría de un lado para otro, a través
de los campos buscando las corrientes frescas y los pastos verdes, no
encontrando nada. Aún así corría, parecía
que en círculos, siempre buscando algo para alimentar su espíritu
hambriento. Pero había hambre en la tierra, y ya no habría
más de aquellos ricos pastos verdes y de los arroyos que fluían
anteriormente. Y un día el potrillo estaba parado en una montaña
sobre sus piernas débiles y tambaleantes, preguntándose
a dónde iría ahora para encontrar comida y de dónde
sacaría fuerzas para llegar. Todo parecía inútil,
pues la buena comida y las corrientes que fluían eran cosa del
pasado, y todos los esfuerzos que hacía para encontrar algo sólo
le diezmaban sus desfallecientes fuerzas.
De repente él vio que la carroza del Rey venía por el
camino tirada por seis fuertes caballos. Y vio a su hermano, gordo y
fuerte, con músculos bien definidos, peinado y hermoso, muy bien
arreglado. Su corazón estaba sorprendido y perplejo, y gritó: "Hermano
mío, ¿dónde encuentras el alimento que te mantiene
tan fuerte y gordo en estos días de hambre? Yo he ido a todas
partes en mi libertad, buscando comida, y no encuentro nada. ¿A
dónde vas tú en tu terrible encierro y encuentras comida
en estos días de sequía? ¡Dímelo, por favor,
pues tengo que saberlo!" Y después contestó una voz
llena de victoria y alabanza: "En la Casa de mi Maestro hay un lugar
secreto en las limitaciones de mi encierro en sus establos en donde Él
me alimenta de su propia mano, y sus graneros nunca se acaban, y su pozo
nunca se seca".
Y con esto el Señor me hizo saber que cuando las personas están
débiles, y sus espíritus hambrientos en el tiempo de hambre
espiritual, aquellos que se han negado a si mismos y han entrado al lugar
secreto del Altísimo, en el total encierro de Su perfecta voluntad,
tendrán abundancia de trigo del cielo y un continuo fluir de corrientes
de agua fresca de revelación por Su Espíritu. Así terminó la
visión.
Traducido al español por Edwin
Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero
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