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El Perdón
Un Antídoto para la Amargura
Tan común como el monte que crece en la tierra, así la
falta de perdón se encuentra en la amargura. Dijo Jesús,
nuestro Señor:
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro
Padre celestial también os perdonará a vosotros. Mas si
no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre
os perdonará vuestras ofensas.” (Mateo 6:14-15 RVG)
Otra versión de la Biblia lo pone de esta manera: “En la
oración existe una conexión entre lo que Dios hace y lo
que usted hace. Usted no puede tener el perdón de Dios, por ejemplo,
sin perdonar usted a los demás. Si usted se niega a hacer su parte,
usted se elimina a sí mismo de la parte de Dios.” (Mateo
6:14-15 El Mensaje)
Dos que Deben Perdonar
Por lo tanto, hay dos que deben perdonar – el hombre y Dios, y
ambos deben ser perdonados; están intrínsecamente unidos
en el proceso. Si el uno no es perdonado, tampoco el otro. Al no arreglar
las cosas con cualquier persona, podemos olvidarnos de querer aliviar
nuestra consciencia en oración o servicio a Dios en cualquier
manera que presumamos:
“Mas yo os digo que cualquiera que sin razón se enojare
contra su hermano, estará en peligro del juicio; y cualquiera
que dijere a su hermano: Raca, estará en peligro del concilio;
y cualquiera que le dijere: Fatuo, estará expuesto al infierno
de fuego. Por tanto, si trajeres tu ofrenda al altar, y allí te
acordares que tu hermano tiene algo contra ti; deja allí tu ofrenda
delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano,
y entonces ven y presenta tu ofrenda.” (Mateo 5:22-24 RVG)
Habiendo perdonado a Dios, ¿habría
seguido amargado Job contra sus amigos? |
En la enseñanza sobre la amargura, identificamos o definimos
la amargura como un desacuerdo con Dios (consciente o no). Muchos se
han amargado por varias circunstancias, las cuales ellos no necesariamente
identifican con, o atribuyen a, hombres, y las llaman comúnmente “actos
de Dios” – una inundación, un huracán, una
sequía, la muerte, la guerra, un rayo, un incendio, o una peste.
Estas cosas se le pueden atribuir a Dios y no al hombre, se les pueden
atribuir a ninguno o a ambos. Sin embargo, siendo que Dios rige todas
las cosas, no se requiere mucha lógica para concluir que Dios
está en control de todo, entonces de alguna manera Él es
responsable por lo que sucede. Así que la pregunta en la mente
de muchas víctimas es: “¿Por qué permitió Él
que me pasara esto a mí o a nosotros?”
Job se amargó en contra de Dios, primeramente porque él
no creía merecer sus circunstancias. ¿Y cómo podía
saber él que las necesitaba? Al final, después de un tiempo
de justificarse y quejarse amargamente, y luego que Dios le revelara
algo de Su poder y carácter, Job perdonó a Dios, confesando:
“Por tanto me aborrezco a mí mismo, y me arrepiento en
polvo y cenizas.” (Job 42:6 RVR)
Ahora, habiendo perdonado a Dios, ¿seguiría él
con rencor hacia Satanás o seguiría amargado contra los
sabeos y los caldeos, o contra sus amigos quienes lo condenaron sin entendimiento? ¿Cómo
podría ser así, sabiendo que es Dios quien tiene el control? ¿Cómo
podría él no perdonar al hombre y sí perdonar a
Dios? Eso fue exactamente lo que ocurrió después de que
Job se arrepintió delante de Dios:
“Después que el SEÑOR habló estas palabras
a Job, el SEÑOR dijo a Elifaz el Temanita: ‘Se ha encendido
Mi ira contra ti y contra tus dos amigos, porque no han hablado de Mí lo
que es recto, como Mi siervo Job. Ahora pues, tomen siete novillos y
siete carneros, vayan a Mi siervo Job y ofrezcan holocausto por ustedes,
y Mi siervo Job orará por ustedes. Porque ciertamente a él
atenderé para no hacer con ustedes conforme a su insensatez, porque
no han hablado de Mí lo que es recto, como Mi siervo Job.’ Y
Elifaz el Temanita, y Bildad el Suhita y Zofar el Naamatita fueron e
hicieron tal como el SEÑOR les había dicho; y el SEÑOR
aceptó a Job. Y el SEÑOR restauró el bienestar de
Job cuando éste oró por sus amigos; y el SEÑOR aumentó al
doble todo lo que Job había poseído.” (Job 42:7-10
NBLH)
Perdonar al hombre es perdonar a Dios, porque Dios está sobre
todas las cosas. Perdonar a Dios, entonces, es perdonar a todos los hombres.
De eso es que hablaba Jesús cuando dijo:
“Porque si ustedes perdonan sus ofensas a los hombres, su Padre
celestial también los perdonará a ustedes; pero si ustedes
no perdonan a los hombres sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará las
de ustedes.”
La puerta para recibir el perdón
y la misericordia es perdonar y mostrar misericordia. |
Dios dice que todos nosotros hemos sido perpetradores (pecadores) contra
el hombre y específicamente contra Él, el Creador de todos
los hombres. ¿Cómo podemos entonces justamente retenerle
el perdón a alguien, siendo nosotros mismos culpables de ofensas,
a menudo peores ofensas que las que se ha cometido contra nosotros? ¿No
hemos experimentado perdón y misericordia nosotros en algún
momento u otro, en una u otra manera?
Tal vez haya quienes piensen que
no lo han experimentado, porque no han reconocido el perdón ni
la misericordia obtenida por lo que son ellos. Dios no está obligado
a proveernos nada a nosotros como si lo mereciéramos. Aunque toda
provisión viene de Él, como la lluvia o el sol o la comida, Él
no nos debe nada; nunca nos ha debido, y nunca nos deberá. Un
día, todos sabrán no sólo que no merecen ninguna
bondad, sino que merecen lo peor.
¿Qué debemos hacer entonces? La puerta para recibir el
perdón y la misericordia es perdonar y mostrar misericordia a
otros:
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán
misericordia.” (Mateo 5:7 RVR)
¿Qué Condiciones para el Perdón?
¿Perdonamos sólo a los que se disculpan o arreglan las
cosas? Si tenemos que esperar hasta que alguien se disculpe o rectifique
el mal para perdonarlo, podemos quedarnos en amargura un largo tiempo,
tal vez toda una vida, en cuyo caso sufriremos y destruiremos muchas
cosas buenas. Son muchos los que se van a la tumba, enfermos y amargados
de espíritu, no dispuestos a perdonar. Nosotros podemos ser nuestro
mayor enemigo. Echamos a perder nuestra paz y bienestar, sin darnos cuenta
que, al hacer eso, nuestros adversarios han ganado una mucho mayor victoria
sobre nosotros que la que habíamos imaginado.
Confiar en Dios es justicia perfecta. Elegir
nuestro propio camino es injusticia. |
Esto es asumiendo que ellos son nuestros enemigos. Tantas veces hemos
asumido maldad o mala intención deliberada cuando no era el caso. ¿Cuántos
han descubierto más tarde que estaban equivocados, habiendo tratado
a un amigo, compañero de trabajo, vecino o familiar en forma despectiva,
dejándolos con la pregunta de qué habrán hecho de
malo, o preguntándose el por qué de una reacción
no justificada a lo que sea que se haya hecho? ¡Cuánta maldad
se produce y cuánto bien se destruye por la amargura y la falta
de perdón!
Dios conoce el bien y el mal. Sólo Él conoce la verdadera
motivación, la condición del corazón. Sólo Él
ve el cuadro completo. ¿Cómo podemos esperar justicia si
no estamos dispuestos a considerar honestamente todas las cosas relacionadas
con el asunto en cuestión? Confiar en que Dios se encargue es
justicia perfecta. Elegir nuestro propio camino es injusticia. La justicia
produce justicia y la injusticia, injusticia.
¿Merezco o no merezco lo que he sufrido? He descubierto que yo
he sufrido aparentes injusticias a manos de otros solamente porque yo
las he sembrado, aunque al principio yo no me di cuenta que yo era responsable
de mis problemas, ya que su desenlace no se relacionaba con los pecados
que yo había cometido y lo que estaba cosechando. A veces me tomó años
darme cuenta de mis faltas. Pero Dios, Quien está por encima de
todo, sabe lo que merecemos, y si sabemos alguna cosa sobre Él,
sabremos que Él determina todos las cosas, tanto las buenas como
las malas, perfectamente en nuestras vidas. Pueda que no nos guste, pero
temporalmente no es una preocupación importante para Él. Él
tiene una perspectiva más amplia en mente:
“Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes, declara
el SEÑOR, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un
futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11 NBLH)
¿Qué es el Perdón?
¿Qué es el perdón? ¿Es una simple declaración, “Te
perdono”? ¿Es, como se dice a menudo, “Te perdono,
pero nunca lo olvidaré”? ¿Es un asunto de perdonar
y olvidar? No es nada de eso.
El perdón es una actitud. Es llegar a una conclusión firme
en actitud como si la ofensa nunca hubiera ocurrido. Es un asunto de
paz interior, no importa lo que el ofensor piense, diga o haga.
¿Es asunto de cancelarle todo la deuda al transgresor, tangible
o intangible, aunque el transgresor no haya mostrado arrepentimiento,
o aun si lo ha hecho? No necesariamente. Aunque Dios perdonó a
David, el rey de Israel, por su adulterio y asesinato, David siempre
sufrió las consecuencias de sus pecados años más
tarde. Hay repercusiones (o recompensas) seguras por todo lo que pensamos,
decimos y hacemos.
Lo que Dios aconseja y espera de nosotros es
una actitud correcta. |
¿Es cuestión de actuar como si la ofensa no ocurrió?
No. ¿Es
cuestión de “el deber como siempre”? No. Puesto
que Israel murmuró contra Dios, no confiando en Él, diciendo
que ellos no podían tomar la “tierra de leche y miel,” Dios
no les permitió tomarla. Y aunque ellos pronto cambiaron de
parecer, Dios no les permitió entrar. Por el pecado de incredulidad
de ellos, fueron obligados a vagar por el desierto por cuarenta años,
hasta que murió toda la primera generación.
Siempre hay efectos e implicaciones de nuestras acciones. No podemos
negar la realidad. Una ofensa cambia las circunstancias e introduce asuntos
que deben enfrentarse y ser tratados, sea que el ofensor se haya arrepentido
genuinamente o no. Hay quienes erradamente han tratado de actuar y pensar
como si nada pasó. Eso es negar la verdad y la realidad. Dios
nunca ha esperado que nadie haga tal cosa; todo lo contrario. Lo que Él
sí aconseja y espera de nosotros es una actitud correcta, una
que no devore a otros y a nosotros mismos. Él quiere que tengamos
la victoria por dentro, independientemente de lo que suceda afuera.
Y esa victoria se puede obtener; de otro modo, Él no nos la habría
prometido y esperado de nosotros. De hecho, debemos obtener la victoria,
o perecemos. Este mundo está lleno de ofensas, y todos hemos tenido
lo que consideraríamos que es nuestra porción y más.
Muchas de estas ofensas aparentemente quedarán sin resolverse
en esta vida. Por lo tanto, no estamos obligados a sufrir continuamente
por circunstancias externas que no podemos cambiar. El cambio comienza
por dentro y está disponible por elección. Es entonces
razonable creer y necesario entender que, a menos que nos pongamos a
cuentas por dentro acerca de cualquier ofensa que nos hayan hecho, no
nos irá bien para nada, ciertamente no tan bien como podría
irnos. ¿Deberíamos conformarnos con menos?
El perdón es llegar
a la actitud correcta con cualquier asunto que nos parezca indeseable. |
El perdón no sugiere que sea la voluntad de Dios que no hagamos
nada acerca de las ofensas que se nos hacen; a veces sí lo es;
a veces no lo es. Cuando Jesús aconseja poner la otra mejía, Él
no está diciendo que simplemente nos quedemos allí parados
y dejemos que nuestro enemigo viole a nuestras esposas y que asesine
a nuestros hijos, mientras nos quedamos allí con una expresión
de decaimiento, aunque piadosa, en nuestros rostros, con los brazos caídos
y una mano suavemente apoyada en la otra, mientras nosotros y nuestros
seres queridos sufrimos el mal. Por otra parte, el contraatacar y el
buscar venganza tampoco en una opción.
El perdón es llegar a la actitud correcta a los ojos de Dios
con cualquier asunto que nos parezca indeseable y por el cual percibimos
que ciertas personas son responsables, sea que tengamos que actuar o
no. El perdón es una actitud, independientemente de lo que tengamos
que hacer.
¿Impide el perdón que busquemos justicia? No. Tampoco
buscar una oportunidad de compensación es contrario al perdón.
El perdón actúa sólo. Podemos buscar compensación,
a veces con toda razón, pero sea que lo busquemos y lo recibamos
o no, tenemos que perdonar. Es el único camino a la victoria y
a la paz.
El Perdón y
la Pena de Muerte
Siendo que es algo muy relacionado con el tema y un asunto de controversia
legal, social y moral, hablemos de la pena de muerte. Hay quienes se
pasean fuera de una prisión a la hora de una ejecución
pendiente con carteles que dicen, “No matarás,” sin
considerar que el “muerto viviente” sea culpable de sus crímenes
o no, aun sabiendo que lo es. Estos bien-hechores creen que le están
haciendo justicia a Dios y al hombre. Como no tienen entendimiento, no
se detienen a considerar que el mismo Dios que dijo, “No matarás,” también
mandaba a ejecutar a quienes quebrantaban la ley. O Él se contradice
o ellos no entienden Su voluntad. Yo digo que es lo segundo. Si alguno
cree que su país o su gobierno están atrasados en el tiempo
en cuanto a la pena de muerte por cualquier crimen, no importa lo horrible
que sea, ellos han de pensar que Dios estaba atrasado a los tiempos mucho
más cuando la decretó, sí, ordenando la pena de
muerte para al menos una docena de ofensas en los días pasados
de Israel. Morir apedreado o quemado era el castigo por asesinato, adulterio,
violación, blasfemia, idolatría, secuestro, hechicería,
falso testimonio (en ciertos casos), maldecir a los padres, no guardar
el Sábado, traición, necromancia, homosexualismo y otras
ofensas.
La justicia de Dios no era asunto de venganza
sino de desalentar el mal. |
Hoy nuestras naciones están en decadencia, pero pensando que
están progresando. Sodoma también debió haberse
creído muy progresista y liberal, pero vivían matando y
violando. Hágase usted una pregunta simple: ¿Nos estamos
alejando de, o acercando a, la atmósfera social que Sodoma y Gomorra
desarrollaron? Hágase otra pregunta: ¿En qué terminaron
ellos? Caso cerrado.
En cuanto al perdón y la misericordia, Jesús hablaba de
actitud. Hay quienes buscan revancha en la ejecución, como si
pudieran obtener verdadera satisfacción con el castigo, y hasta
la muerte, de un ofensor, sin resolver el asunto dentro de sí mismos.
No ocurrirá. La justicia de Dios no era asunto de venganza sino
de desalentar y eliminar el mal:
“Y el tal profeta o soñador de sueños, ha de ser
muerto; por cuanto habló para alejaros de Jehová vuestro
Dios (que te sacó de tierra de Egipto, y te rescató de
casa de siervos), y de echarte del camino por el que Jehová tu
Dios te mandó que anduvieses. Así quitarás el mal
de en medio de ti. Cuando te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o
tu hijo, o tu hija, o la esposa de tu seno, o tu amigo que sea como tu
alma, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que ni tú ni
tus padres conocisteis, de los dioses de los pueblos que están
en vuestros alrededores cerca de ti o lejos de ti, desde un extremo de
la tierra hasta el otro extremo de ella, no consentirás con él,
ni le darás oído; ni tu ojo le perdonará, ni tendrás
compasión, ni lo encubrirás; antes has de matarlo; tu mano
será primero sobre él para matarle, y después la
mano de todo el pueblo. Y lo apedrearás hasta que muera; por cuanto
procuró apartarte de Jehová tu Dios, que te sacó de
tierra de Egipto, de casa de siervos: Para que todo Israel oiga, y tema,
y no tornen a hacer cosa semejante a esta mala cosa en medio de ti.” (Deuteronomio
13:5-11 RVG)
Debemos perdonar a los transgresores, a la
vez que hacemos justicia para apartar el mal. |
Hay quienes negarán que el aumento del castigo apropiado tenga
los efectos preventivos deseados contra el crimen. En su necedad y agendas
con que se sirven a sí mismos, no pueden ver acciones y reacciones
influenciadas y guiadas que se relacionan con las consecuencias impuestas
por la ley o por las autoridades correspondientes. Los perros no se pasearán
por cierto patio si se les castiga por hacerlo. Las aves no vendrán
a las pajareras tan fácilmente, si es que vienen, si miran a un
gato merodeando. Yo no volveré a tocar una estufa caliente otra
vez. Los fumadores se buscan otros lugares para fumar por temor a las
multas. Los criminales se abstienen de sus actividades criminales por
temor a penas severas, mientras que se burlan de la sociedad, de sus
leyes y sistemas de justicia cuando sólo se les da una “palmadita
en el puño.” ¿No voy yo a comprarme mi propia cortadora
de césped en vez de robar la de mi vecino, si la pena por robar
son diez años de tiempo muy duro? O escojo eso, o dejo que el
césped crezca. La idea de que las penas más severas no
disminuyen el crimen va en contra de toda lógica, razón
y realidad; es una noción verdaderamente absurda.
Pero debemos perdonar a los transgresores, a la vez que hacemos justicia
para apartar el mal de en medio de nosotros, previniendo una cancerosa
podredumbre moral y social que, a menos que se revise con determinación,
eventualmente nos destruirá a todos. Se trata de actitud, sin
negar la realidad.
La Conclusión del Asunto – El
Consejo Completo de Dios
¿Cómo podemos tener una actitud correcta? Solamente recibiendo
el consejo completo de Dios, y no separándolo por pedacitos como
para que se adapte a nuestro pensamientos y caminos caprichosos y egoístas. ¿Cómo
podemos recibir el consejo de Dios? Solamente por el Camino, la Verdad
y la Vida – Jesucristo, Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y
de la tierra, el Juez Justo de todos los hombres, Quien es la Única
Fuente de nuestra sabiduría y rectitud.
Víctor Hafichuk
Traducido al español por Edwin
Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero
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