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¿Qué Es la Fe?

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La fe espiritual es un regalo de arriba, del reino invisible. No es algo que uno produce o realiza. No tiene nada que ver con la fuerza de voluntad o con la concentración o con la creencia intelectual. No tiene nada que ver con la doctrina o la iglesia, o la afiliación religiosa o denominacional.

La fe es algo que viene a, no de, una persona. Es algo que sucede, una impartición, una influencia, una bendición. Ningún hombre puede crear o producir la fe, y tampoco puede agregarle o quitarle a su sustancia.

La fe es una conexión, un contacto con el reino invisible, que se origina fuera de la persona que está experimentando la fe. Uno no llega a, ni entra en, la fe. Más bien la fe viene sobre uno y lo sumerge, lo mete, o lo envuelve en el reino invisible.

La fe espiritual es el conocimiento de Dios y de Sus caminos. Es una mirada al reino invisible, o la observación pasiva no intencional del mismo, o ser parcialmente envuelto por, o ser sintonizado con la dimensión celestial, con el reino invisible.

La verdadera fe nos conecta con el Creador Mismo y aprende de Su Señorío sobre todas las cosas de todos los mundos, no solo en el futuro, sino también en el presente.

La fe no tiene nada que ver con sentimientos físicos, emocionales o mentales. Es más alta que la intuición, que el instinto, que el sentir interior o el sexto sentido. La fe es independiente de cualquier sentimiento, así como la niebla puede caer sobre cualquier área sin que ese terreno la invite o haga algo para que caiga. La fe es algo que nos ocurre; nunca es algo que podamos hacer o provocar aun indirectamente.

Cuando uno camina por fe, o actúa en fe o la ejercita, simplemente significa que uno ha reaccionado positivamente, receptivamente a lo que uno ya ha recibido gratuitamente. La fe no requiere esfuerzo. La fe es la inspiración, el combustible, con su efecto sobre la persona, así como, por dar un ejemplo, cuando alguien actúa bajo hipnosis. El sujeto no trata tanto de hacer las cosas sino de someterse a lo que le está ocurriendo, respondiendo a una influencia externa que se ha hecho interna.

La fe es la internalización del Reino de Dios, sea de manera momentánea o constante.

La fe no tiene nada que ver con la razón o la comprensión intelectual. La fe funciona por revelación y por inspiración, muy similar al comportamiento de los niños pequeños. Ellos podrán no entender lo externo, pero son capaces de entender o saber las cosas internamente, por encima de las explicaciones o de la habilidad de entender intelectualmente.

La fe no es algo que uno hace sino algo que le ocurre a uno.

Cuanto más crecemos en edad y experiencia en el mundo, menos se verá la confianza, inocencia, descanso y libertad que son obvios en la juventud. Cuanto más envejecemos, mas vemos que la razón se interpone, y más juzgamos por las apariencias externas. Los sentidos y el conocimiento carnal son enemigos de la fe, pues esos tratan con el mundo exterior, con lo que es comprensible para la mente humana y que se puede observar con los sentidos carnales. La fe funciona completamente independiente y mas allá de tales cosas.

Observe a alguien que tenga fe. Tiene un brillo invisible, una independencia del conocimiento y de la presencia física de las cosas. La fe es dada, nunca adquirida o ganada o aun cultivada cuando se recibe. Si alguno cree (o “tiene fe”) y actúa en esa fe o creencia, recibirá más aun. Si uno se enfoca primordialmente en lo externo y en aquello que está presente en el tiempo y en el espacio, pierde contacto con el reino invisible, pierde la conexión que sólo puede existir a través de la fe.

Sin fe es imposible agradar a Dios o reconocer a aquellos que son Suyos o las cosas que Él hace. Dios se esconde, y sólo el ojo de la fe puede verle a Él; sólo el corazón que responde por fe puede comprender las cosas de Dios.

Los hombres pueden razonar e impresionar a otros hombres intelectualmente, hasta a grandes multitudes, mediante teorías, doctrinas, convicciones, y verdades perfectas según la letra, pero sin fe, para los santos esos solamente son sábelo-todos parlanchines. Pueden ser muy entretenidos, astutos, educados, conocedores, impresionantes, expresivos, persuasivos, lógicos, racionales, elocuentes, y capaces de educar y de convencer a sus oyentes de manera intelectual y emocional, pero ellos no darán testimonio de la fe ni de lo que sólo la fe puede impartir o revelar.

Sin embargo, la fe es lo que salva. La fe es lo que el hombre necesita; él no puede vivir sólo de pan. Él debe vivir por la provisión del Cielo. Las raíces absorben la humedad y los nutrientes necesarios del suelo, sin los cuales la planta puede morir, pero a menos que la planta crezca más arriba de las raíces y sea expuesta al aire, al sol y a los elementos que sólo se encuentra por encima del suelo, esa planta seguramente perecerá. Nosotros debemos tener la comida de la tierra, claro que sí, como Dios el Creador de todas las cosas en el Cielo y en la tierra ha provisto, pero ay del hombre que no tiene fe.

La fe es necedad para el hombre carnal. Los que están sometidos a sus sentidos carnales se burlan de las cosas del reino espiritual; ¿cuánto más no escarnecerán al Dios Invisible, Quien es Espíritu y Padre de los espíritus?

La fe es el cordón umbilical de la vida espiritual. El feto no consigue el cordón; tampoco ese feto mantiene ni ejerce ningún control sobre el cordón. El cordón simplemente está allí, proveyendo vida y sustento, y el feto, en su inocencia e inutilidad, recibe y es alimentado. La fe provee. ¿Succiona el feto o sostiene su respiración para alimentarse, o desea o se propone o tiene la voluntad de alimentarse? No, él solamente recibe. Es igual con la fe. Dios da; uno confía sin pensarlo, recibe, valora y se asegura de lo que Dios da, aunque lo que se vea y se reciba por fe contradiga lo que se vea en el reino visible.

La fe es ponerle más valor a lo invisible que a lo visible. Poner más valor en lo visible que en lo invisible es la muerte y el infierno, pero poner más valor en lo invisible es vida, paz y victoria.

Por fe, nada es imposible. La dimensión de este mundo y sus leyes naturales está totalmente sometida al Reino de los Cielos. La aceptación, el aprecio, la acogida y ejercicio de la fe hacen que esta dimensión esté sujeta al Reino, donde Dios vive y reina. Por lo tanto, la fe agrada a Dios.

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan.” (Hebreos 11:6 LBLA)

Todos los creyentes, sean profetas, apóstoles, hombres, mujeres, o niñitos, son hijos de la fe. Los primeros apóstoles apreciaron y desearon la fe. Por fe, sanaron a los enfermos y levantaron a los muertos sin necesidad de medicinas y echaron fuera demonios (espíritus del reino espiritual) sin necesidad de psicología o poder o persuasión intelectual. Ellos hicieron lo imposible.

Por fe, ellos siguieron y sirvieron a Jesús (lo cual es imposible sin fe). Por fe, Pedro supo lo desconocido y declaró que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios Viviente. Él no aprendió y confesó esto mediante la razón o el adoctrinamiento; fue algo dado a él.

Jesús le dijo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16:17 LBLA)

Los discípulos querían más de este precioso, emocionante, viviente, invencible, sobrenatural, poderoso, vigorizante, iluminante, revolucionario regalo de Dios llamado fe. Ellos sabían que no podían aumentarla cuantitativamente, pero conocían la fuente y vinieron a pedirle:

Lucas 17:5-10 LBLA
(5) Y los apóstoles dijeron al Señor: ¡Auméntanos la fe!
(6) Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: "Desarráigate y plántate en el mar." Y os obedecería.
(7) ¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando ovejas, y cuando regresa del campo, le dice: "Ven enseguida y siéntate a comer"?
(8) ¿No le dirá más bien: "Prepárame algo para cenar, y vístete adecuadamente, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después comerás y beberás tú"?
(9) ¿Acaso le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le ordenó?
(10) Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: "Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho."

En esencia, el Señor les dijo que ellos ya tenían a su disposición todo lo que necesitaban. El también les enseñó que fe era reconocer y caminar en dependencia de la virtud, poder y buena voluntad de Dios, con reconocimiento total de que ellos no podían ganarse, hacer méritos, ni hacer nada digno para merecer la fe o el reconocimiento y la gracia de Dios, aun si fielmente ejercitaban la fe. No debía haber expectativas de pago o agradecimiento, porque no era la fe de ellos o su virtud en ninguna manera:

“Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: "Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho."

Los que caminan por fe están haciendo la voluntad de Dios – es Él en acción.

La fe es la ausencia de la autoconfianza y de la auto-dependencia; es la confianza en Dios, la cual viene de Dios. Eso es fe. Solamente Dios puede hacer que ocurra. La fe es un regalo de Dios.

Víctor Hafichuk

Traducido al español por Edwin Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero

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