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De Regreso a lo Básico

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La sabiduría del hombre se ha manifestado a través de las edades como vanidad. Desde que él escogió ignorar la ley y el consejo de Dios (el cual el hombre consideró tontería) en el jardín del Edén, hemos tenido sufrimiento y dolor por la derrota, el fracaso y la pérdida. De verdad, la decisión de comer del Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal (sea en forma literal o figurativa) no ha sido una elección sabia en lo absoluto.

La humanidad parece haber logrado mucho…

Sin embargo, después de miles de años de experimentar, la gran mayoría de la humanidad todavía cree que al final podrá y que va a prevalecer por su propia sabiduría. Oímos a tantos “pensadores positivos” hablar de la maravilla de la tecnología, de cómo hemos desarrollado formas de hacer las cosas por nuestra propia inteligencia e investigación y de cómo podemos hacer cualquier cosa con tal que se tenga la voluntad y el compromiso.

En verdad, la humanidad parece haber logrado mucho, especialmente en los últimos siglos y específicamente desde la mitad del siglo pasado y tal vez especialmente en la última década. ¡Estamos avanzando en realidad! La revolución industrial expandió nuestros horizontes y obtuvo resultados que inicialmente se consideraron milagros. Aun antes de ese período, cosas como la pólvora estaban tomando al mundo literalmente por asalto. Tuvimos la imprenta de Gutenberg para producir masivamente la palabra impresa e iluminar a las masas en todo lo largo y ancho como nunca antes del siglo XV.

En el último siglo, la automoción nos dio transporte rápido para acortar los viajes que antes tomaban años a meses a semanas a días y hasta a horas. De hecho, viajes de horas de hoy eran imposibles de realizar para muchos en cualquier cantidad de tiempo hace poco. Cuando pusimos al hombre en la luna, nos emborrachamos de euforia y nada parecía imposible para nosotros. Los hombres sin educación de hace apenas un siglo, ¿no se burlaban de la idea de que el hombre pudiese volar?

Ahora tenemos alta tecnología, biotecnología, nanotecnología, tecnología robótica, ingeniería genética, física cuántica, lo que usted quiera. Estamos viviendo en la Era de la Información en la cual, parece, podemos aprender todo lo que deseemos con sólo oprimir un botón. ¡Maravilloso! Imaginamos la expresión de los rostros de los inventores, científicos, filósofos, políticos y líderes militares de eras pasadas al ver nuestros logros y nosotros brillamos de orgullo.

Pero realmente, ¿cómo nos está yendo? Note que no hemos hecho casi nada con la luna desde aquél tiempo. Más bien usamos para la guerra lo que inventamos supuestamente para la paz (como la teoría de la relatividad de Albert Einstein y el invento de la bomba atómica), o inventamos para el claro propósito de la guerra y defensa en la guerra como el programa (militar) de “Guerra de las Galaxias” de Reagan (ex-presidente de Estados Unidos). ¿No es la guerra entre nosotros mismos lo que nos ha impulsado a lograr mucho de lo que tenemos hoy?

…pero realmente, ¿cómo nos está yendo?

El invento de la pólvora puede o no puede haber sido inventado inicialmente para la guerra, pero su principal propósito ahora es para la guerra y así ha sido por siglos. El manoseo de los cohetes por parte de Hitler nos llevó a la luna y a la capacidad de la alta tecnología, armamentos computarizados para hacer volar poblaciones a miles de kilómetros en minutos. Los químicos utilizados en las Grandes Guerras han sido apuntados para servirnos (y matarnos) en casi cada área de vida física incluyendo la producción, el procesamiento, el almacenaje y la preservación de la comida que comemos y del agua que bebemos.

¿Cómo nos está yendo realmente? Veamos a la guerra en un sentido más amplio. Hablamos de guerras contra la enfermedad, el hambre, las drogas y la pobreza.

El invento de los antibióticos se pensó que sería el inicio del final de las enfermedades. Hoy tenemos de regreso las mismas enfermedades fatales, infligiendo miedo en el corazón de los científicos y líderes de todo el mundo. ¿Por qué? Porque hemos usado antibióticos con demasiada frecuencia y donde no deberían haberse usado, especialmente en nuestra cadena alimenticia, dándoselos a los animales.

Declaramos guerra contra las drogas ilegales. Bestias psicópatas llamadas corporaciones tienen el derecho de los individuos pero con menos responsabilidades, y se pasan por encima de la sociedad.

¿Se ha eliminado el hambre a pesar del uso de las prácticas de agricultura y auxiliares químicos en la fertilización y el control de hierbas y plagas? Por el contrario, nuestras tierras productivas están siendo violadas en lo que usamos lo que nos han vendido para competir con nuestros vecinos.

Los alimentos genéticamente modificados (GMO) están tomando nuestras tierras y contaminando todo lo que cultivamos. El resultado es que las pestes en “nuevas y mejoradas” variedades están ganándonos con venganza, nuestros métodos químicos las combatían contraatacándolas. Intentamos todo lo posible por producir en forma barata, rápida y abundante. Y eso nos está matando.

Cuando yo era niño, no usábamos químicos en nuestra granja hasta en los años 50, y el cáncer no era común en lo absoluto. Si alguien estaba muriendo de cáncer, esa era una noticia significativa, aunque triste. Hoy, ya casi no queda una familia que haya salido intacta por el flagelo. Yo he perdido un hermano, dos primos, tres tías y dos tíos por cáncer. Mi suegra lo tuvo pero sobrevivió.

Aparte del cáncer, ¿qué hay de todas las demás enfermedades del corazón, la diabetes, la distrofia macular, la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica, Parkinson, el Alzhéimer, el asma, y una cantidad de enfermedades de las que nunca hemos oído? ¿Puede quedar duda de que estas enfermedades nos ganan la ventaja porque nuestros sistemas inmunológicos están lisiados por nuestros estilos de vida ignorantes, necios y antinaturales y por nuestros hábitos sedentarios, por la forma en que tratamos la comida desde el campo hasta nuestro plato, contaminando el planeta y perdiéndolo en lo que buscamos sacarle ganancia? Estamos sitiados y comiéndonos a nuestros hijos.

¿Y qué de la cantidad de estrés mental y emocional que resulta de nuestro rápido paso por la vida tratando de obtener y lograr? Nos estamos matando a nosotros mismos, junto con nuestros hijos.

Por causa de estas cosas, el hambre acecha al mundo, y se está llevando a millones.

Hablando de obtener, expandamos un poco más el significado de la guerra. Hablemos de la competencia. Hemos sido orientados a creer que la competencia es saludable y necesaria. En realidad, dada la condición presente de la humanidad, si no fuera por el hecho de que uno no está dispuesto a, o no tiene la capacidad de, vender un producto o servicio a menor precio que otros, estaríamos pagando más de lo que pagamos.

Esta es la generación del “Yo”: Yo puedo hacerlo, Yo lo merezco, Yo me lo debo a mí mismo.

¿Pero es la competencia realmente necesaria? Yo no soy comunista, pero si espero con gran anhelo el día en que la humanidad concluya, como lo hacen los de AA, que tenemos un problema y que no nos podemos arreglar solos. Necesitamos un Poder Más Alto, no solamente en el abuso del alcohol, sino en el abuso general de la vida de lo cual cada uno de nosotros es culpable. Simplemente no sabemos cómo vivir, aunque la mayoría de nosotros piensa que vivir es lo más natural que podemos hacer, como respirar o la circulación sanguínea.

Estamos compitiendo con nuestros vecinos y compatriotas por un pedazo más grande del pastel. Patentamos para ganar el control y sacar ganancia a costo de todos aquellos que “necesitan” lo que nosotros inventamos. Esperamos tener todas las comodidades de la vida y no nos importa tanto que muchos otros no ganen lo mismo. Esta es la generación del “Yo”: Yo puedo hacerlo, Yo lo merezco, Yo me lo debo a mí mismo, buscando al Número Uno, mejor dicho a . Corremos a las ventas de garaje, a las subastas, a las ventas de propiedades, a las ofertas especiales de las tiendas “antes que otros se lo lleven todo.” Somos egoístas.

Por medio de técnicas de guerra comercial y política llamadas mercadeo, ventas, promociones, relaciones públicas, y propaganda, nos han ensuciado el cerebro haciéndonos creer que no podemos vivir sin químicos, medicinas sintéticas, vacunas, cloro, flúor, comidas baratas de producción masiva, inventos modernos, y una variedad de otras cosas que la humanidad no necesitó por miles de años.

¿No fue Henry Thoreau (escritor estadounidense) quien se dispuso a averiguar cuánto realmente necesitamos para vivir cómodamente y descubrió que era algo muy poco?

Pero luego vienen los impuestos. La mitad de nuestras horas de trabajo las gastamos trabajando para que el gobierno les pague a los trabajadores del gobierno quienes nos cobran para sostener al gobierno.

¿En qué lo gasta el gobierno? Como siempre estamos enfermos, el gobierno canadiense nos provee cuidado de salud a un alto costo. Como siempre estamos enfermos, traumatizados por la velocidad del progreso (como lo escribió Alvin Toffler en Future Shock) y pagamos impuestos por todo, no podemos manejar nuestras necesidades con amplitud. Luego vamos y pedimos beneficencia, la cual carga más los hombros de otros en forma de impuestos más altos. Ingenuamente les creemos a los políticos que prometen “darnos” más con nuestro dinero.

Yo ahora dudo que en Canadá se pueda hacer lo que propuso Thoreau, dadas las circunstancias presentes, pero la idea que él tuvo era buena y eso es lo que estaremos haciendo… regresar a lo básico.

Aprenderemos que Dios es el Número Uno, y que sólo Él sabe lo mejor.

Los químicos no han funcionado. Más bien, nos han matado. Aunque vivimos en la edad de la Información, eventualmente descubriremos que no podemos comer microchips. Cualquier ganancia que hayamos obtenido haciendo las cosas en grande y rápido ya se ha perdido en lo que pagamos la cuenta con la pobreza, falta de bienestar social, la enfermedad, mal sistema de cuidado de la salud, y la muerte. Por medio de la avaricia, hemos dejado que nos quiten todo. Estamos descubriendo que el precio en la etiqueta es mucho más alto de lo que imaginamos.

¿Qué hay de malo con volver a tratar la tierra con respeto? Después de todo, de la tierra sale nuestro sustento y si se daña la tierra, nosotros también. El hecho es, eventualmente todos aprenderemos a la manera dura que solamente la manera dura es la manera fácil y la única manera que da ganancia.

Recogeremos y araremos nuestras hierbas aprendiendo que si un químico es dañino para una planta en cualquier tiempo, no puede ser muy bueno para ninguna otra planta. Atesoraremos los microorganismos de la tierra y los insectos que están allí para bien, como las lombrices de tierra, los escarabajos y las arañas. Entonces así nos abstendremos de las técnicas que queman la tierra para librarnos de las plagas. Reconoceremos que los pájaros deben ser protegidos y respetados, por nuestro propio bien y por el de ellos.

Aprenderemos que nuestra vida depende de que vivamos bien y limpiamente, o dejará de existir como existe ahora. Nos daremos cuenta que toda la naturaleza, de dónde venimos, es nuestra cuna que nos cuida la cual nosotros hemos convertido en un corrosivo ataúd.

Aprenderemos que Dios es Número Uno, siempre lo ha sido y siempre será, y que solamente Él es lo mejor. Solamente el amor al prójimo nos resultará en ganancia a todos. (No me refiero al amor meloso y religioso que se mira a menudo, sino a un interés genuino, no egoísta, activo y comprometido – con un precio implícito – por la otra persona, por nuestros animales, por nuestras plantas, nuestra comida, nuestra tierra, agua y todas las cosas.)

Aprenderemos a estar satisfechos con menos, y tendremos más. Regresaremos a lo básico y disfrutaremos la vida, en vez de pelear para sobrevivir. Igualmente podremos someternos a eso. Ese día está sobre nosotros. No tenemos otra opción, o nos destruiremos a nosotros mismos.

Víctor Hafichuk

Traducido al español por Edwin Romero
Translated into Spanish by Edwin Romero

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